Capítulo 44 LA MISERICORDIA NO TIENE DIENTES

—No sé qué me asusta más: dejar de amarte o seguir haciéndolo.

Kael no se acercó.

Eso fue lo primero que Nadia notó.

No intentó tocarla. No intentó besarla otra vez. No usó su confesión como puerta abierta ni como arma contra ella.

Solo se quedó allí, con la mano marcada a un costado y los ojos llen...

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