Capítulo 5 LA CONDICIÓN

—¿Alguien intentó matarlo otra vez?

Nadia no apartó la vista de Kael.

La pregunta salió casi en un susurro, pero bastó para borrar cualquier rastro de tensión entre ellos. Durante unos segundos dejaron de ser la mujer que lo odiaba y el hombre que la había rechazado.

Solo quedaron dos personas frente a una verdad demasiado grande.

Kael asintió.

—Hace dos noches.

Nadia bajó lentamente la mirada hacia el viejo cuaderno.

Hasta hacía unos minutos creía que aquel era un simple intento desesperado por convencerla de ayudarlo.

Ahora ya no estaba tan segura.

—¿Tu padre está vivo desde hace cinco años?

—Mucho más.

—¿Y nunca regresó?

Kael respiró hondo.

—No podía.

—¿Por qué?

Él guardó silencio.

Aquello bastó para irritarla.

—Otra vez lo mismo.

Kael levantó la vista.

—No es que no quiera responderte.

—Es que no puedes.

Él no negó la acusación.

Eso confirmó la respuesta.

Nadia soltó una risa breve.

—Empiezo a cansarme de los secretos.

—Yo también.

Aquellas tres palabras sonaron demasiado sinceras.

Tan sinceras que resultaban peligrosas.

Porque durante cinco años Nadia había sobrevivido alimentando una sola certeza.

Kael había elegido destruirla.

Si esa certeza empezaba a resquebrajarse...

¿Sobre qué iba a sostener todo su odio?

Apartó el cuaderno con la punta de los dedos.

—Supongamos que te creo.

—No hace falta que lo hagas.

—Entonces ¿para qué viniste?

Kael sostuvo su mirada.

—Porque necesito que vengas conmigo.

Ella soltó una carcajada.

—¿A dónde?

—A ver a mi padre.

La respuesta cayó como una piedra.

—Estás loco.

—Probablemente.

—¿Y esperas que entre al territorio norte después de todo lo que pasó?

—No está allí.

Nadia frunció el ceño.

Kael tomó aire antes de continuar.

—Lleva años escondido.

—¿Quién lo esconde?

Otra pausa.

Otra respuesta que no llegó.

Nadia dio un paso atrás.

—Ya basta.

Golpeó el cuaderno con la palma de la mano.

—Siempre igual. Siempre me pides confianza mientras escondes la mitad de la historia.

Kael cerró los ojos apenas un instante.

Cuando volvió a abrirlos, el cansancio seguía allí.

—Si te digo más, pondría su vida en peligro.

—¿Y por qué debería importarme?

La pregunta salió más dura de lo que pretendía.

Kael no respondió enseguida.

Simplemente la observó.

Como si buscara a la chica que alguna vez creyó conocer.

—Porque si él muere...

Su voz perdió firmeza.

—...jamás sabremos cómo romper el vínculo.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

Nadia sintió un pinchazo involuntario en el pecho.

No era suyo.

Era de él.

Leve.

Molesto.

Pero inconfundible.

Los dos lo sintieron al mismo tiempo.

Kael bajó una mano hasta las costillas.

Ella hizo exactamente el mismo movimiento.

Los dos levantaron la vista a la vez.

Era imposible seguir fingiendo que aquello no estaba ocurriendo.

—Lo sentiste.

Nadia retiró la mano de inmediato.

—No significa nada.

—Significa que ya no podemos escondernos del vínculo.

Ella negó con fuerza.

—No hables como si fuéramos un equipo.

Aquellas palabras parecieron dolerle más que cualquier golpe recibido la noche anterior.

Pero Kael solo asintió.

—Lo entiendo.

Nadia quiso sentirse satisfecha.

No pudo.

Porque el pecho volvió a tensarse.

Esta vez el dolor era suyo.

Una punzada breve.

Kael reaccionó al instante.

Se llevó una mano al mismo lugar.

La preocupación apareció en su rostro antes de que pudiera ocultarla.

—¿Qué pasó?

Ella lo miró sorprendida.

—Nada.

—Mentiste.

—¿Ahora también puedes saber eso?

Kael negó.

—No.

Se acercó un paso.

—Pero sentí tu dolor.

El taller quedó completamente en silencio.

Era la primera vez que él sufría por algo que le ocurría a ella.

No como consecuencia de un rechazo.

Simplemente porque el vínculo había decidido unirlos un poco más.

Nadia desvió la mirada.

Aquello empezaba a dar miedo.

Porque cuanto más compartían el dolor...

Más difícil sería recordar que debían mantenerse separados.

La campanilla de la puerta sonó.

Los dos giraron al mismo tiempo.

Una anciana permanecía inmóvil en la entrada.

Cabello completamente blanco.

Un bastón de madera oscura.

Los observó durante varios segundos antes de hablar.

—Pensé que llegaríamos a tiempo.

Kael dio un paso al frente.

—¿Abuela?

La mujer no respondió al saludo.

Su atención permanecía fija sobre Nadia.

Se acercó despacio.

Demasiado despacio.

Hasta quedar frente a ella.

Sin pedir permiso, tomó una de sus manos.

Nadia estuvo a punto de apartarse.

No lo hizo.

Los dedos de la anciana eran cálidos.

Temblaban ligeramente.

Cerró los ojos.

Su respiración cambió.

Después volvió a abrirlos.

Había tristeza en ellos.

Una tristeza antigua.

—Ya empezó.

Kael frunció el ceño.

—¿Qué empezó?

La mujer soltó lentamente la mano de Nadia.

—La segunda fase.

El aire pareció hacerse más pesado.

—Explícate.

La anciana negó con la cabeza.

—No aquí.

Miró alrededor del taller.

Luego volvió a observar a Nadia.

—Hay demasiados oídos.

Nadia dio un paso atrás.

—¿Quién es ella?

Kael tardó unos segundos en responder.

—Mi abuela.

La mujer sonrió apenas.

—Elvira Drayden.

Nadia cruzó los brazos.

—¿También vino a convencerme de perdonarlo?

La anciana negó.

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Vine a pedirte que no cometas el mismo error que yo.

Aquellas palabras desconcertaron incluso a Kael.

—¿Qué quieres decir?

Elvira respiró profundamente.

—Hace cuarenta años también rechacé a mi compañero destinado.

Nadia sintió un escalofrío.

Kael permaneció inmóvil.

—Eso es imposible.

—Eso mismo creí.

La anciana volvió a mirar a Nadia.

—Hasta que vi morir a la persona que más amaba.

El silencio fue absoluto.

Nadia sintió que el viejo cuaderno, el padre oculto de Kael y el extraño vínculo acababan de quedar en segundo plano.

Porque, por primera vez...

Tenía delante a alguien que había sobrevivido a la misma maldición.

Elvira dio media vuelta y caminó hacia la salida.

Antes de cruzar la puerta se detuvo.

No miró a Kael.

Solo a Nadia.

Y pronunció unas palabras que hicieron que el corazón de ambos se detuviera por un instante.

—Si vuelves a rechazarlo antes de conocer toda la verdad... esta vez no será Kael quien muera.

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