
Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!
Maye Lyn V · En curso · 44.2k Palabras
Introducción
Cuando él interrumpe sus vacaciones para ordenarle que vuele de inmediato a su mansión en North Ridge, Brienna piensa que se trata de una crisis de empresa. En cambio, descubre algo que la quiebra desde dentro: Lucan va a casarse con la heredera de otra familia alfa, y necesita su ayuda para preparar el anuncio oficial.
Una tormenta de invierno se cierne sobre las montañas. Los vuelos comienzan a cancelarse. Y Brienna empieza a sentir los síntomas de un celo adelantado, justo cuando más necesita mantener las distancias.
Lucan no sabe nada. No sospecha que su presencia acelera lo que ella ha evitado toda su vida. Tampoco entiende por qué el aroma de su asistente —tan tenue antes— empieza a cambiar. Solo sabe que algo en Brienna lo inquieta y lo atrae de una manera que no debería, justo cuando está a punto de unir su vida con otra mujer.
Quedan atrapados por la nieve.
Ella intenta aferrarse al control.
Él empieza a notarla más de la cuenta.
Y cuando el instinto empiece a romper lo que ella lleva años conteniendo… ninguno podrá fingir que todo sigue igual.
“¿Por qué tiembla, Clarks?”
“Estoy cansada, señor.”
“No. No es eso.”
Él intenta ignorarlo.
Ella intenta controlarse.
Ninguno lo logra.
“No me mires así.”
“No estoy mirándola de ninguna forma.”
“Clarks… si se acerca un poco más, no voy a poder comportarme.”
Capítulo 1
Narrado por Brienna Clarks
El correo llegó con el sonido del anuncio en la pantalla, justo cuando intentaba concentrarme en un informe que llevaba horas estancado.
El asunto tenía ese tono rígido que solo usaba el señor Cavendish cuando algo lo sacaba de su calma habitual. “Urgente”. Nada más.
Ese tipo de mensajes siempre me tensaban, pero este me heló por dentro porque él estaba a más de tres mil kilómetros, disfrutando sus vacaciones de Navidad, lejos de oficinas, juntas y responsabilidades.
No esperaba que me necesitara, y tampoco esperaba que esa necesidad cayera sobre mí justo ahora, cuando faltaba una semana para Navidad y tenía la ilusión de pasarla tranquila, sin pensar en él más de lo que ya pensaba a diario.
Abrí el correo con las manos frías. Dadas las fechas, algo me decía que mis vacaciones podrían verse afectadas.
“Clarks. La necesito en North Ridge hoy. Asunto confidencial. Confirme de inmediato.”
Era escueto, directo, sin detalles que me permitieran imaginar qué podría haber ocurrido. Era tan propio de él que casi pude escuchar su voz, esa manera en que pronunciaba mi apellido como si lo evaluara cada vez o dictara una sentencia.
Tres meses trabajando para Lucan Cavendish y aún no conseguía manejar del todo la forma en que mi cuerpo reaccionaba a su cercanía. No era miedo, nunca lo había sido, ni siquiera el día en que lo vi por primera vez y descubrí que en persona tenía una presencia que ninguna fotografía podía captar. Lo había admirado durante años, y aun así, cuando estaba frente a él, mis manos temblaban como si no encontraran un punto firme donde sostenerse. No era una sensación desagradable; era algo más complejo, una mezcla de tensión y calma que me afectaba sin avisar, como si su presencia tocara partes de mí que prefería mantener bajo control.
Respiré hondo antes de responder. Sabía que no podía decir que no, aunque lo deseara con todo mi corazón. Sabía que mi deber era acudir, pero también sabía que ese viaje me ponía en una situación peligrosa. Mis pastillas se estaban acabando. El paquete nuevo llegaría en dos días y mi cuerpo ya comenzaba a resentir la falta.
Las omegas en celo sin supresores eran un desastre. Una amenaza. Una exposición que no podía permitirme. Lucan no sabía nada de lo que yo era. Había trabajado muy duro para ocultarlo. Lo hice por necesidad, no por vergüenza. Ser omega significaba vulnerabilidad en manos equivocadas, y demasiados alfas en este mundo creían tener derecho sobre nosotras. Pero él no era así. Por esa razón acepté el trabajo. Por esa razón lo escogí a él entre todos. No me asustaba. Me hacía sentir vista, aunque él no lo supiera.
Respondí con rapidez. “En camino, señor Cavendish.” Apenas envié el mensaje, su respuesta apareció casi al instante.
Me quedé inmóvil, sin saber qué pensar. Él nunca respondía rápido. Nunca.
Era alguien que manejaba los tiempos a su manera, que respondía cuando quería, no cuando yo lo requería.
“El avión privado la espera en una hora. Puerta 12. No se retrase.”
Sentí el pulso acelerarse.
Una hora.
No tenía margen para nada. Ni para preparar equipaje, ni para volver a casa, ni para asegurarme de que tendría suficientes pastillas para mantener mi cuerpo bajo control y que no saliera a flote mi olor. Maldije en voz baja mientras recogía mis cosas y guardaba el portátil. No podía hacer nada. Si quería conservar el empleo —y más que eso, si quería conservar la seguridad de estar cerca de él sin arriesgarme a perder el control—, tenía que correr.
Tomé mi abrigo y caminé a paso rápido hacia la salida del edificio. Las luces del pasillo parecían más frías que de costumbre, o quizá era el peso de la noticia lo que hacía que todo se sintiera más distante. Mientras esperaba el ascensor, escuché a un par de compañeras hablar a mis espaldas con esa ligereza que siempre me daba envidia.
“¿Supiste lo de Cavendish? Parece que ya escogió novia.” Reí sin querer, una risa sin alegría que me arañó la garganta.
Llevaba semanas escuchando ese rumor. Que si era una empresaria del norte, que si era una alfa poderosa, que si por fin sentaría la cabeza.
Me molestaba más de lo que admitiría jamás. No tenía derecho a sentir celos, pero estaban ahí, golpeando justo donde más dolía.
Él era mi jefe. Nada más. Un crush absurdo que no llevaba a ninguna parte. Y aun así, me dolía pensar que algún día otra mujer compartiría lo que yo jamás tendría.
El ascensor llegó y entré sin mirar a nadie. Cuando las puertas se abrieron, salí disparada. Necesitaba llegar a casa y recoger lo mínimo indispensable
Intentaba no pensar demasiado en el viaje ni en lo que significaba salir de la ciudad con tan poco aviso. Él estaba lejos, disfrutando sus vacaciones, y la idea de que me necesitara en ese lugar sin explicación alguna me dejaba inquieta. No imaginaba qué podía requerir de mí, ni cuánto tiempo tendría que quedarme, ni si alcanzaría a volver para Navidad como había planeado. Solo sabía que debía llegar, hacer mi trabajo y regresar antes de que mi cuerpo empezara a fallar por la falta de pastillas.
El invierno siempre volvía todo más difícil. No solo por el celo, también por la forma en que cualquier omega podía intensificarse sin querer, incluso con supresores. Yo llevaba años manejándolo de la única manera que me daba tranquilidad: aislándome en diciembre, alejándome de reuniones, fiestas y espacios cerrados, evitando a los alfas tanto como podía. Era una rutina que me había funcionado, un sistema discreto para sobrevivir sin llamar la atención. Pero esta vez no tenía opción. Las pastillas estaban por agotarse y el viaje me obligaba a moverme justo en la época en la que más vulnerable me sentía.
Corrí hacia la parada del taxi y levanté la mano con desesperación. El tráfico estaba denso, como si toda la ciudad se hubiera puesto de acuerdo para entorpecer mi día. Cuando por fin uno se detuvo, me lancé al asiento trasero y le pedí al conductor que me llevara a mi apartamento lo más rápido posible. Iba mirando el reloj cada pocos segundos, intentando calcular si alcanzaría a cambiarme de ropa, a recoger mis documentos, a revisar si quedaba alguna pastilla escondida en algún cajón.
Llegamos a mi edificio y subí las escaleras casi sin aliento. No había tiempo para elegancia ni para orden. Tomé una maleta pequeña y metí lo básico. Ropa térmica, un par de suéteres, lo necesario para sobrevivir a unos días de trabajo en un clima que yo detestaba, aunque él lo amara tanto.
Busqué desesperada el frasco de pastillas.
Solo quedaban dos. Dos.
No alcanzaban para todo el viaje si algo se complicaba. No quería admitir que me temblaron las manos, pero lo hicieron. Guardé el frasco y cerré la cremallera de la maleta, sintiendo una presión incómoda en el estómago.
Por favor… que esto sea algo rápido, no puedo estar al lado de un Alfa sin mis pastillas… Debo ser positiva, quizás es algo de un día para otro, a lo mejor… es de ir y venir de una vez. ¡Pero decía urgente!
Mientras bajaba de nuevo al taxi, intenté convencerme de que todo estaría bien. Que sería un asunto rápido, que él no estaría demasiado cerca, que podría mantener la calma. Pero otra parte de mí sabía que no sería tan simple. Él nunca pedía ayuda sin motivo. Si me requería en North Ridge, debía ser por algo serio
Quise odiarlo por arruinar mis planes, por poner en riesgo lo que había logrado mantener oculto durante años. Pero no podía. La simple idea de verlo de nuevo hacía que mi pecho se calentara, y ese era el problema. Yo era una mujer que debía esconder su naturaleza. Él era un alfa que jamás tendría una razón para mirar a una asesora como algo más que una pieza funcional en su agenda. Y aun así, el solo hecho de imaginar su voz al otro lado de la puerta de esa cabaña me hizo desear que el viaje no fuera tan corto.
Llegué a la terminal con apenas minutos de margen. La puerta 12 estaba al final, solitaria y silenciosa, como si el mundo hubiera decidido apartarse para dejarme a solas con mi decisión. El avión esperaba encendido, elegante y discreto, como todo lo que él hacía. Caminé hacia la escalerilla sintiendo el peso de cada paso. No sabía cuánto tiempo estaría allí, no sabía qué necesitaba él realmente, pero sí sabía que mis pastillas no alcanzarían y que mi cuerpo ya daba señales de que el invierno estaba tocando fibras sensibles.
Subí al avión y me dejé caer en el asiento con algo de ansiedad.
Ya llevaba un par de días sintiendo esos avisos silenciosos que siempre intentaba ignorar. No llegaban de golpe, solo se instalaban en mi cuerpo con una paciencia incómoda.
Empezaba con una sensación tibia bajo la piel, algo que se movía despacio y me hacía consciente de cada respiración. Luego venía esa inquietud sutil en el pecho, como si me faltara un poco de aire cuando no había motivo para ello. Podía estar sentada trabajando y, de repente, la ropa me rozaba distinto, demasiado presente, demasiado cerca. A veces el pulso se aceleraba sin explicación, un ritmo que no obedecía a mis pensamientos, y entonces sabía que los supresores estaban perdiendo terreno.
También me costaba mantener la mente enfocada; las ideas se dispersaban con una facilidad que me molestaba, como si mi cuerpo marcara el ritmo y mi cabeza tuviera que seguirlo.
Lo peor era esa presión baja en el abdomen, suave y constante, una alarma de que diciembre siempre me alcanzaba, aunque intentara esconderme de él. Era un estado que no podía compartir con nadie y que solo yo entendía, porque la lucha era interna, callada, y cada año me dejaba con la sensación de que estaba perdiendo un poco más de control.
Últimos capítulos
#27 Capítulo 27 27
Última actualización: 1/15/2026#26 Capítulo 26 26
Última actualización: 1/15/2026#25 Capítulo 25 25
Última actualización: 1/15/2026#24 Capítulo 24 24
Última actualización: 1/15/2026#23 Capítulo 23 23
Última actualización: 1/15/2026#22 Capítulo 22 22
Última actualización: 1/15/2026#21 Capítulo 21 21
Última actualización: 1/15/2026#20 Capítulo 20 20
Última actualización: 1/15/2026#19 Capítulo 19 19
Última actualización: 1/15/2026#18 Capítulo 18 18
Última actualización: 1/15/2026
Te podría gustar 😍
De Mejor Amigo a Prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Invisible para su Matón
Fuera de Límites, Mejor Amigo del Hermano
—Vas a tomar cada pulgada de mí. —Susurró mientras empujaba hacia arriba.
—Joder, te sientes tan jodidamente bien. ¿Es esto lo que querías, mi polla dentro de ti? —Preguntó, sabiendo que lo había estado tentando desde el principio.
—S..sí —jadeé.
Brianna Fletcher había estado huyendo de hombres peligrosos toda su vida, pero cuando tuvo la oportunidad de quedarse con su hermano mayor después de graduarse, allí conoció al más peligroso de todos. El mejor amigo de su hermano, un Don de la mafia. Él irradiaba peligro, pero ella no podía mantenerse alejada.
Él sabe que la hermanita de su mejor amigo está fuera de límites y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ella.
¿Podrán romper todas las reglas y encontrar consuelo en los brazos del otro?
Mi Luna Marcada
—Sí.
Exhala, levanta su mano y la baja para abofetear mi trasero desnudo de nuevo... más fuerte que antes. Gimo por el impacto. Duele, pero es tan excitante y sexy.
—¿Lo harás de nuevo?
—No.
—¿No, qué?
—No, Señor.
—Buena chica —acerca sus labios para besar mi trasero mientras lo acaricia suavemente—.
—Ahora, voy a follarte —me sienta en su regazo en una posición de monta. Nos miramos a los ojos. Sus largos dedos encuentran el camino hacia mi entrada e insertan sus dedos.
—Estás empapada por mí, nena —dice complacido. Mueve sus dedos dentro y fuera, haciéndome gemir de placer.
—Hmm —pero de repente, se van. Lloro mientras deja mi cuerpo ansiando por él. Cambia nuestra posición en un segundo, así que estoy debajo de él. Mi respiración es superficial y mis sentidos incoherentes mientras anticipo su dureza en mí. La sensación es fantástica.
—Por favor —suplico. Lo quiero. Lo necesito tanto.
—Entonces, ¿cómo te gustaría venirte, nena? —susurra.
¡Oh, diosa!
La vida de Apphia es dura, desde ser maltratada por los miembros de su manada hasta que su compañero la rechaza brutalmente. Está sola. Golpeada en una noche difícil, conoce a su segunda oportunidad de compañero, el poderoso y peligroso Alfa Lycan, y vaya que le espera la aventura de su vida. Sin embargo, todo se complica cuando descubre que no es una loba común. Atormentada por la amenaza a su vida, Apphia no tiene otra opción que enfrentar sus miedos. ¿Podrá Apphia derrotar la iniquidad que amenaza su vida y finalmente ser feliz con su compañero? Sigue para más.
Advertencia: Contenido maduro.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Placeres culposos
¿Todo ha sido un error? ¿O quizás solo parte del destino? La ida por un vaso de agua, resultó en el inicio de un deseo culposo con consecuencias irreversibles.
Soy Erika Martín de 21 años, soy una latina, proveniente de Venezuela, me mudé de mi país buscando el sueño Americano ante una oportunidad de empleo como servicio doméstico en la mansión uzcategui, sin saber que mi destino cambiaría por completo, al conocer a Alejandro Uzcategui, el heredero y magnate de negocios más prestigioso dela ciudad, con una ciudad tan grande y él puso sus ojos en mi, su humilde y tímida empleada, que no sabe decirle que no, todo con él era perfecto, pero él tiene dos grandes defectos, es casado y jodidamente posesivo, me llama bomboncito y me reclama como suya. Estoy locamente enamorada de él y temo por la repercusiones de lo que vendrá, ya que se que no me dejará escapar, menos cuando sepa mi gran secreto.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
El regreso de la princesa de la mafia
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
Accardi
—Te costará algo —susurró antes de tirar de su lóbulo con los dientes.
Sus rodillas temblaron y, si no fuera por su agarre en su cadera, habría caído. Él empujó su rodilla entre sus muslos como un soporte secundario en caso de que decidiera necesitar sus manos en otro lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
Sus labios rozaron su cuello y ella gimió mientras el placer que sus labios provocaban se hundía entre sus piernas.
—Tu nombre —exhaló él—. Tu verdadero nombre.
—¿Por qué es importante? —preguntó ella, revelando por primera vez que su corazonada era correcta.
Él se rió contra su clavícula.
—Para saber qué nombre gritar cuando vuelva a entrar en ti.
Genevieve pierde una apuesta que no puede pagar. Como compromiso, acepta convencer a cualquier hombre que su oponente elija para que se vaya a casa con ella esa noche. Lo que no se da cuenta cuando el amigo de su hermana señala al hombre taciturno sentado solo en el bar, es que ese hombre no se conformará con solo una noche con ella. No, Matteo Accardi, Don de una de las pandillas más grandes de la ciudad de Nueva York, no hace encuentros de una sola noche. No con ella, de todos modos.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!












