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Sugar daddy por 28 días

Sugar daddy por 28 días

Ysaris Areinamo · Completado · 101.5k Palabras

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Introducción

Dahiana Rose está desesperada por dinero, así que decide meterse en un aplicación para conseguir un sugar daddy, conociendo así al ingeniero Edward Moon, multimillonario, sexy y tan atrayente que desde el primer instante Dahiana queda fascinada por él y su belleza surrealista, pero Edward tiene 3 reglas:

1)Complaceme en todo por 28 días.

2)No te metas en mis asuntos.

3)No te enamores de mí.

Ella creyó que sería fácil y que sus problemas estaban resueltos, pero no contaba con que rompería todas sus reglas y ahora luchara para ganar su frio corazón.

Capítulo 1

Prologo

—¿Va a pedir algo? —preguntó la mesera, alcé mis ojos hacia ella y negué la cabeza con una sonrisa apenada.

—No, aun estoy esperando que llegue mi cita —dije mirando el asiento vacío frente a mí enfatizando que esperaba alguien.

—¿Segura que va a venir? —preguntó—, ya tienes media hora aquí sentada sola.

—Sí —me limité a decir.

—Vale —giró los ojos y se fue, tampoco era que había tanta gente en la cafetería.

Quité la sonrisa de mi rostro, me caía mal que se metiera en mis asuntos, ella aumentaba mi ansiedad de que mi cita me hubiera dejado plantada, pero lo dudaba es decir él fue el que me escribió en la app de sugar babys hace 2 días, hablamos un poco por mensaje cosas triviales como qué estaba estudiando, la edad, y luego quiso reunirse para hablar conmigo en persona en una cafetería cercana, estaba más tranquila porque me había escrito hacía media hora atrás para decirme que estaba atrapado en el tráfico, pero que venía en vía, no dudaba de su palabra y para ser sincera, me emocionaba la idea, era nueva en esa app y si tenia suerte sería mi primer sugar daddy.

No me juzguen, eran tiempos difíciles para mí, estaba a mitad de mi carrera universitaria y mi hermana nació enferma, mi madre estaba en cuidados intensivos después de dar a luz y entonces solo quedaba yo para poder dar algo de dinero porque mi padre murió a principios del año en un accidente de trafico cuando mi madre ni siquiera sabía que estaba embarazada.

Estaba un poco perdida, me sentía terriblemente sola y con la carga de la preocupación encima de mis hombros.

Ser sugar baby no fue mi primera opción, de hecho, mi “plan A” fue trabajar en un trabajo digno; una cafetería, luego trabajé dando asesorías de materias en la universidad, pero cuando la clínica consumió todo el seguro, los ahorros también se fueron y el dinero que ganaba no cubría ni una cuarta parte para mantener mis estudios en la universidad ni a mi madre en la clínica, estaba ahogada pidiendo prestamos casi imposibles de pagar y no veía una salida.

Me ahogaba en un vaso de agua sin poder subir a la superficie por el cochino dinero.

Entonces esta fue mi decisión; mi “plan B”, algunas amigas cercanas me habían hablado de esa app donde hombres ricos buscaban chicas jóvenes porque se sentían solos dispuestos a pagarle todo, así que lo hice, lo mejor que podía pasar era que nadie me escribiera, y lo peor que podía pasar era que un viejo me escribiera.

Tal vez estaba vendiéndome, pero si era por mi madre y mi hermana haría lo que fuera necesario, tampoco quería dejar los estudios de lado, pero si esto no funcionaba tendría que dejarlos.

Estaba desesperada por dinero y creo que eso me llevó a tomar esta decisión.

—Joder, esto es una locura —susurré para mí misma— ¿Qué estoy haciendo?

Mi “plan C” era comenzar a vender los electrodomésticos de la casa en la calle, pero no quería caer en mi “plan D” ese era abrirme un onlyfans, aunque ahora que lo pensaba, creo que el onlyfans debería ser el plan C, no quería quedarme en la calle sin ni siquiera una cama…

El sonido de las campanitas que sonaban cuando la puerta de la cafetería se abría me distrajo y aguanté la respiración.

Mierda, era él.

Lo reconocía de las fotos que vi.

Cabello oscuro, ojos profundamente azules y un cuerpo no tan ejercitado, pero sí con buena forma vestido de forma casual y a la vez elegante. No iba a mentir, cuando vi su foto de perfil creí que era mentira, es decir, ¿Qué clase de hombre jodidamente hermoso iba a estar en una app para conseguir a una pareja? Pero ahora que lo veía no podía cerrar la boca de la impresión.

Era real.

Sus ojos azules pasearon por toda la cafetería hasta que se encontraron conmigo y sentí que algo me bajó del estómago, de repente me sentía congelada y como si mi trasero se hubiera pegado a mi asiento, sin ser capaz de moverme cuando él comenzó a acercarse y se detuvo frente a mí.

—Hola, ¿Rose? —su voz era profunda, sus ojos analizando mi rostro, esperaba que me considerara linda, tenia como diez capas de maquillaje en la cara y mi mejor ropa que resaltaba las curvas de mi cuerpo.

Salí de mi embrujo y me levanté de mi asiento forzándome a sonreír, maldición, incluso era mucho más alto que yo; le llegaba a la altura de su pecho y era mucho decir considerando el hecho de que mis botas eran altas.

Hasta acá percibía su intensa fragancia costosa.

—Dahiana —murmuré estirando mi mano en presentación—, Dahiana Rose.

Él vio mi mano y la tomó estrechándola, en el momento que nuestras manos se tocaron me estremecí sintiendo una extraña corriente eléctrica como si me atrajera a él, sus ojos se enfocaron en los míos y sentí mis mejillas sonrojarse ante la intensidad de su mirada.

Era demasiado atractivo.

—Edward —murmuró y mis ojos bajaron en sus labios—, Edward Moon.

Maldición, que labios tan lindos, de hecho, todo de él parecía perfecto, como esas fotos con Photoshop que ves en internet, solo que él parecía tener un Photoshop permanente; era perfecto.

Tragué pesadamente saliva, forzándome a mirar a otro lado que no fuera él y solté nuestras manos sin poder quedarme tranquila.

La intensidad que me hacía sentir casi me daba ganas de abalanzarme sobre él.

—Un gusto —dije sentándome otra vez y él se sentó enfrente arreglando su chaqueta.

«Calmate, Dahiana, solo intenta actuar como una chica a su altura, necesitas esto».

—Hola —la mesera se acercó a nosotros con una sonrisa—. ¿Van a pedir algo?

Casi me sentía aliviada de enseñarle a la mesera de que mi cita había llegado.

—Sí, dos tés de frutos rojos y unas galletas azucaradas —pidió Edward, la mesera tomó nota.

¿Estaba pidiendo por los dos? Ni siquiera me había preguntado.

—Okey, ¿algo más? —dijo la mesera.

—No, gracias —dijo Edward.

Al parecer era dominante.

La mesera se fue y Edward enfocó sus ojos azules en mí, no entendía por qué mi cuerpo reaccionaba así; nervioso, mis manos no dejaban de temblar así que las bajé de la mesa y las coloqué en mis piernas.

—Bien, seré muy sincero contigo Dahiana —dijo echándose hacia adelante—, nunca había usado una aplicación para encontrar pareja, mucho menos una chica joven.

Lo miré frunciendo levemente el ceño, lo único que sabía de él era que trabajaba como Ingeniero civil y tenía su propia empresa de construcciones, no tenía hijos ni esposa, yo tenía 21 años y él 32, tampoco es que él fuera un viejo, de hecho, lucía muy joven sin mencionar que entre más lo veía más me asombraba lo guapo que era, 11 años de diferencia no me parecía tanto, es decir mis padres se llevaban 20 años de diferencia, se casaron muy viejos, mi madre actualmente tenía 46 años por eso probablemente tuvo problemas con su embarazo.

—Yo tampoco, es la primera vez que uso la app —admití.

—Es bueno saberlo —dijo—. En fin, lo que quería hablarte, Rose, era de un trato que necesito que hagamos antes de empezar todo esto.

No me acostumbraba a que me llamara por mi apellido y no por mi nombre.

—¿Un trato? —repetí.

La mesera trajo los tés y las galletas, ambos nos quedamos callados y yo solo me quedé en completamente intrigada sin saber lo que él iba a decirme.

—Gracias. —dijo Edward y cuando la mesera se fue, continuó diciendo: —Tú buscas mejorar tu situación financiera y yo busco compañía por este mes que inicia, ambos queremos algo, así que te propongo esto...

Aun me parecía extraño que él buscara compañía, es decir, no lucia como el tipo de hombres que tuviera problemas para atraer a las mujeres.

—Okey —murmuré en espera de lo que fuera a proponerme.

—Cubriré todas tus necesidades, tu universidad, gastos, ropa, conmigo no te faltará nada, incluso lo que mencionaste de tu madre —dijo, y eso sonaba perfecto para mí—. A cambio, tendrás que ser mi chica soñada, por todo este mes actuarás de forma amorosa, complaciente y servicial hacia mí, toda tu atención la tendré yo, no habrá peleas, no habrá celos, siempre estarás de buen humor cuando estés cerca de mí y te enfocarás en hacerme feliz.

Me parecía muy extraño lo que me pedía, es decir, él estaba literalmente buscando a una pareja que lo complaciera y fingiera amarlo, me parecía incluso hasta algo triste.

—Uhm, bien —murmuré aun no sabiendo muy bien en lo que estaba metiéndome.

Él estiró su mano y tomó una galleta azucarada del plato jugando con ella un poco antes de decir:

—Y otra cosa, no habrá sexo.

¿Uh?

Ahora mi cara debía de ser todo un signo de interrogación, creí que lo único que los hombres de esa aplicación buscaban era eso; carne joven para follar, pero no iba a mentir, me aliviaba un poco saber que no iba a tener que involucrar mi cuerpo en esto a pesar de que su simple mirada me hacia temblar.

—¿Puedo preguntar por qué? —indagué, es decir, había algo en toda esta situación que me parecía muy extraño.

—No —respondió simplemente—, tampoco puedes enamorarte de mí.

Eso no me parecía tan complicado, no creía en el amor.

—Solo necesito que —continuó—, por este mes de febrero, seas mi pareja perfecta y te enfoques en hacerme feliz.

Bueno, eso no sonaba mal para mí.

—Uhm, bien —dije—, este mes de febrero que inicia tiene solo 28 días.

Él probó la galleta dándole un ligero mordisco y masticó lentamente pareciendo bastante sensual, su mirada fija en mí cuando murmuró:

—Entonces, necesito que seas mi sugar baby por 28 días.

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