Capítulo 52 El umbral superado

El vidrio frío del techo del invernadero vibró bajo una ráfaga de la tarde, haciendo castañetear las costillas de hierro fundido como huesos viejos. Ava mantuvo la espalda rígida contra el banco de exhibición, con los dedos clavándose en las tablillas de cedro hasta que la veta le mordió la piel.

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