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Escocia 1920...
Ese lago con su imponente belleza, su agua cristalina y pura, el canto de los pájaros y la suave brisa, hacían de ese momento algo especial. Una joven rubia, con ojos color esmeralda, contemplaba ese maravilloso paisaje. Nada había cambiado, era como si el tiempo se hubiera detenido y ella guardara esos recuerdos, recuerdos que atesoraría para siempre, pues en ellos estaba su único y verdadero amor. Un leve rubor tiñó sus mejillas al recordar el beso inesperado, aún podía sentir el roce de esos labios e inevitablemente susurró ese nombre que le causaba alegría y una profunda tristeza al mismo tiempo. Lo extrañaba demasiado, aún lo amaba y siempre sería así, al menos viviría con sus recuerdos e intentaría ser feliz. Estaba tan pensativa, hasta que la sensación de unas manos descansando en sus hombros la hizo reaccionar, era Robert, su ahora prometido, como pudo, esbozó una cálida sonrisa, para ocultar su tristeza, porque por más que intentara amar a su prometido, no podía amarlo del todo y eso la hacía sentir terrible. Robert era un buen hombre, caballeroso, amoroso y paciente.
—Robert... me asustaste, ¿qué pasa? —preguntó girándose para enfrentarlo.
—Lo siento, lo último que quería era asustarte. Pero he estado hablándote y pareces tan distraída que no escuchaste cuando te llamé, dime, ¿en qué piensas? —preguntó con gran interés.
—Pensaba en el hospital —se apresuró a responder—. Es la primera vez en mucho tiempo que no tomo vacaciones y la verdad es que me siento muy extraña, extraño mi trabajo.
—Soy consciente de eso, tanto que puedo asegurarte que tus pacientes deben extrañarte mucho. Para ser honesto, los entiendo, ¿quién puede vivir con tu ausencia? —murmuró, dándole una cálida sonrisa—. Pero te ruego, al menos por una vez, intentemos pasar un buen rato, sin preocuparnos por nada ni por nadie. A mí tampoco me resultó fácil tomarme un tiempo libre, especialmente ahora que los negocios van tan bien.
—Lo sé, Robert —asintió la rubia—. Aprecio que te hayas tomado la molestia de planear estas vacaciones familiares.
—Sé lo importante que es este lugar para ti, mi objetivo en esta vida es hacerte inmensamente feliz. Eres la razón por la que cada día quiero ser una mejor persona y te doy mi palabra de que una vez que estemos casados, solo viviré para ti y nuestros hijos —declaró, tomando su barbilla y colocando un cálido beso en sus labios—. He estado pensando y creo que es hora de que fijemos una fecha para hacer público nuestro compromiso. Honestamente, no creo poder soportar mantenerlo en secreto por más tiempo. Hemos esperado lo suficiente.
—Tienes... tienes razón —respondió ella en un susurro apenas audible.
—Ciertamente me haces el hombre más feliz del mundo. Será mejor que informemos a la abuela, ¡vamos! —murmuró con gran alegría, tomándola de la mano y regresando a la villa familiar.
Mientras tanto, en la villa de la familia Thompson, la abuela, Alex y Patrick estaban en la sala blanca tomando té y charlando, hasta que Robert y Juliet entraron abruptamente en la habitación, ganándose una buena reprimenda de la anciana.
—¿Qué modales son esos? —preguntó horrorizada—. No es apropiado que personas de nuestro linaje se comporten como salvajes, ¿dónde han quedado?
—Lo sentimos, abuela —se disculpó Robert—. Pero Jul y yo tenemos algo importante que decirte —dijo finalmente.
—Hablen entonces —animó la anciana, colocando la taza de porcelana en la mesa de café.
—Hemos decidido hacer público nuestro compromiso la próxima semana —dijo con determinación, entrelazando sus dedos con los de la rubia y sonriendo triunfante.
Patrick, al escuchar eso, no pudo evitar atragantarse con su propio té. Realmente no entendía por qué Juliet aceptaba la abrupta decisión de Robert como si nada, pero lo que más le preocupaba era saber que su prima no amaba a Robert, al menos no como a un hombre.
—¿Estás bien? —preguntó Alex con evidente preocupación, dándole unas palmaditas en la espalda—. Dios misericordioso, casi te mueres —dijo en tono burlón.
—Estoy... estoy perfectamente bien —inquirió, aclarando su garganta y removiéndose en su asiento.
—Robert. No puedo aceptar esa decisión —respondió la anciana con severidad—. Como miembro de los Thompson, entiendes que tendrá que haber una gran recepción y me llevará al menos tres meses planearla, porque es un evento importante y por lo tanto no puede tomarse a la ligera —dijo tajantemente. Aunque realmente quería retrasar el anuncio del compromiso, porque sabía perfectamente que su nieta no amaba a su otro nieto, pero no podía involucrarse directamente, tenía que mantener las apariencias como lo había hecho hasta ahora, solo rezaba para que Juliet reaccionara a tiempo y detuviera la farsa.
—Pero, abuela —protestó Robert—. Ya hemos esperado demasiado, y además, parece que no estás contenta con este compromiso.
—Si sigues siendo impertinente, lo pospondremos hasta el próximo año. No estoy de humor para discusiones tontas —dijo tajantemente, levantándose lista para salir de la habitación.
—Alex, por favor, ayúdame —suplicó Robert.
—Lo siento, pero esta vez la abuela tiene razón. Debes entender que organizar una boda no es cualquier cosa y lleva tiempo.
—Entonces... se hará como dices, abuela —murmuró con resignación—. Creo que puedo esperar un poco más, pues al final de todo, valdrá la pena —confesó, mirando a la rubia a los ojos.
—Muy sensato de tu parte, Robert —dijo ella aprobatoriamente—. Ahora, si me disculpan, debo empezar a hacer la lista de invitados —anunció, finalmente saliendo de la habitación.
—Pequeña, deseo hablar contigo —pidió Alex, levantándose.
—Claro, hermano.
—Oh, querido Robert... no pongas esa cara de susto, no hay nada de malo en que quiera hablar con mi hermanita. Desde que se comprometieron, la has acaparado totalmente —le reprochó—. Además, te doy mi palabra de que tu prometida estará bien.
—Qué cosas dices, Alex. Por supuesto que no veo inconveniente en que quieras hablar con tu hermana, y en cuanto a acapararla, es cierto. He sido muy egoísta, pero sabes que la amo.
—Lo sé, porque desde que te graduaste de la universidad no has hecho más que hablarme de eso —dijo en tono burlón—. Bueno, Jul, te esperaré en el jardín —dijo de nuevo y luego salió de la habitación.
—Mientras ustedes dos hablan, iré a molestar a Thomas —se apresuró a decir Robert.
—Ustedes dos, son tal para cual —reprochó la rubia.
—Qué puedo decir, es mi primo favorito.
—Pensé que yo lo era —reprochó Patrick, mirándolo con el ceño fruncido.
—Tú también lo eres, pero no me dejarás mentir que Thomas es una presa fácil para las bromas.
—Mi pobre hermano es tan ingenuo —dijo en un susurro—. A veces no parece el mayor.
—Pensándolo bien —interrumpió la rubia—. Los tres parecen niños pequeños, pues no hacen más que pelear.
—No estás ayudando, Jul —se quejó Patrick—. Además, ¿no quedaste en encontrarte con tu hermano en el jardín?
—Agradece eso, de lo contrario...
—Mejor guarda tus amenazas para después y apúrate, porque recuerda que Alex no es muy paciente.
—Nos vemos luego.
—Claro —dijeron ambos jóvenes al unísono.
—Nos vemos luego, Patrick —dijo Robert, saliendo de la habitación.
—No cometas un gran error, Jul, ya que te arrepentirás, mereces ser feliz y esa felicidad no está con Robert, si tan solo pudiera ayudarte —pensó Patrick para sí mismo, una vez que estuvo solo en la habitación. Realmente no podía entender la absurda idea de su prima de querer casarse con su primo.
Mientras tanto, Alex y Juliet salieron al jardín y se sentaron bajo un frondoso árbol.
—Pequeña, ¿estás segura de que quieres casarte? —preguntó el rubio, mirándola directamente a los ojos.
—Claro, Alex —respondió ella con decisión.
—Si no te sientes segura, puedo cancelar el compromiso, ya que afortunadamente no se ha hecho público. Todo lo que quiero es que seas feliz y ambos sabemos la verdad. No amas a Robert. Solo estás con él por cariño y gratitud. No quiero que seas infeliz por el resto de tu vida, no negaré que siento un fuerte afecto por nuestro primo, después de todo somos familia, pero por ti, soy capaz de hacer cualquier cosa.
—Yo... —dudó por unos segundos y bajó la mirada—. Estoy segura de que con el tiempo, podré amarlo como a un hombre.
—No te engañes más, Jul. Ambos sabemos que aún amas a Armand, lo que no puedo concebir es esta tonta obstinación tuya de no querer ir a buscarlo.
—No puedo, Alex... no es tan fácil —murmuró con pesar, apretando los bordes de su falda.
—Claro que lo es, es solo que no quieres.
—Hice un juramento y no puedo romperlo —confesó finalmente, dejando que una solitaria lágrima corriera por su mejilla.
—Al diablo con eso —soltó indignado el rubio—. Esa mujer se aprovechó de tu buen corazón, sabía que si jugaba a ser la víctima y te suplicaba, tú, incluso en contra de tus propios sentimientos, serías capaz de renunciar al amor de tu vida, para que ella fuera feliz.
—Sin embargo, no puedo romper mi juramento, los Thompson somos personas de palabra.
—Piensa bien las cosas, no seas precipitada y tomes una decisión equivocada, intentaré convencer a la abuela de seguir posponiendo el anuncio del compromiso —dijo con una voz casi paternal—. Rezo a Dios, que te haga recapacitar y que vengas a mí, decidida a ir a buscarlo —dicho esto, se levantó y regresó a la residencia.
