43

—Bueno, ahora que se te ha ido la cara amarga, espero que lo pases de maravilla —reflexionó Karen—. Por cierto, no se apresuren a ser padres tan pronto —dijo con su típica insolencia.

—Basta, Karen —la reprendió el hombre de cabello castaño.

—Solo digo la verdad —dijo inocentemente y luego estalló...

Inicia sesión y continúa leyendo