44

—Dios, Jul, cuánto te deseo—dijo con voz ronca—. Pídeme que pare o será demasiado tarde.

—No quiero que pares. Yo también te deseo.

—¿Estás, estás segura de lo que dices?

—Estoy muy segura, quiero que me hagas tuya.

—Entonces será mejor que volvamos a mi departamento—respondió con voz ronca, lev...

Inicia sesión y continúa leyendo