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Armand entró en la habitación de su amada y corrió hacia su cama, arrodillándose, acarició amorosamente su vientre y comenzó a llorar. Se culpaba a sí mismo por lo que había sucedido y, si los perdía, nunca se lo perdonaría. Rogó a Dios que no se los llevara, porque ambos eran su mayor alegría y, vi...

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