Capítulo 3 Enfrentamiento
El despertador sonó a las cuatro de la mañana, pero Brielle ya estaba despierta. No había dormido bien. No exactamente por él, sino por la rabia que estaba conteniendo. Las ganas de verlo y decirle todo lo que se merecía.
Se levantó, se metió a la ducha y dejó que el agua fría le despejara la mente. Cuando salió, su rostro ya no mostraba ni rastro del dolor de la noche anterior. Solo determinación.
Vistió unos jeans negros ajustados, una blusa blanca sencilla y unas zapatillas cómodas para el viaje. Recogió su cabello en una coleta alta, algo simple y práctico. Una mujer que sabía lo que quería.
Miró la maleta junto a la puerta, el bolso de mano con los documentos y el estuche de viaje. Todo listo.
Pidió un taxi con la aplicación y en menos de diez minutos ya estaba bajando las escaleras de su edificio. El cielo seguía oscuro, las calles de West Hollywood vacías. Solo el sonido de su maleta rodando sobre la acera rompía el silencio.
En el taxi, sacó su teléfono. Revisó los mensajes del equipo de producción: todos debían estar en el aeropuerto a las cinco para documentar juntos. La cita era en la entrada principal de la terminal internacional.
Seguía sin recibir un mensaje de Jasper, pero eso ya no le importaba.
Así que lo mejor que hizo, fue apagarlo, de todas maneras, no lo iba a ocupar por ahora.
[***]
El aeropuerto estaba más tranquilo de lo habitual a esa hora. Brielle pagó al taxista, tomó su maleta y caminó hacia la entrada principal. Sus ojos recorrieron el lugar buscando a sus compañeros, pero no vio a nadie. Al parecer había llegado temprano, o ellos se habían retrasado.
Decidió pasar directamente al área de documentación. Era mejor hacer el trámite de una vez y luego esperarlos en la sala de embarque.
Se puso en la fila, sacó su pasaporte y los documentos del viaje. La fila avanzaba lento, pero ella no se sentía con prisa. Prefería estar ahí antes que en su apartamento vacío.
Cuando le llegó el turno, dejó la maleta en la báscula, entregó su pasaporte y esperó a que la agente de la aerolínea procesara todo.
—¿Ventana o pasillo, señorita Carter?
—Pasillo, por favor.
—Muy bien. Su puerta de embarque es la B27. El vuelo sale a las siete en punto. Le recomiendo estar en la puerta una hora antes.
—Gracias.
Tomó su tarjeta de embarque, guardó el pasaporte en su bolso y giró para irse.
Y en eso, lo vio.
Jasper estaba a quince metros de ella, distraído en su móvil. Llevaba una chaqueta de cuero negra sobre una camisa blanca, jeans oscuros, una gorra ligeramente inclinada hacia un lado. Como si intentara pasar desapercibido.
Bien fresco él, como no hubiera hecho nada malo la noche anterior.
Brielle sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. El fuego que había contenido en el hotel volvió a arder en su pecho, pero esta vez no podía esconderse como lo hizo en aquel lugar, tampoco podía huir. Pero no quería hacerlo.
Comenzó a caminar sin prestarle atención, como si no lo hubiera visto o hubiera dejado de existir para ella.
Los ojos verdes de Jasper se abrieron con sorpresa cuando la vio pasar casi cerca de él. Cortó la distancia hacia ella con esa seguridad que siempre había tenido.
—Brielle —dijo, deteniéndose frente a ella—. Te he estado llamando, pero tu teléfono me enviaba directo al buzón. ¿Lo apagaste?
—Sí —respondió ella, con la voz plana—. No quería escuchar tu voz.
Él frunció el ceño. Llevó una mano al bolsillo de su chaqueta, como si buscara algo. Un gesto nervioso que ella conocía bien.
—¿Por qué dices eso? ¿Qué pasó? —preguntó, con un tono que pretendía ser casual, pero que delataba molestia.
Brielle lo miró. Sus ojos avellana brillaban con una furia contenida.
—¿De verdad me preguntas de qué hablo? —dio un paso adelante—. ¿Qué hacía Tara contigo anoche en ese evento? ¿Qué se supone que yo, como tu novia, debía estar a tu lado y sin embargo te vi presentándola a todos como tu prometida?
Jasper frunció la frente confundido. Abrió la boca para hablar, pero ella no lo dejó.
—No me vengas con excusas —lo cortó—. Estuve ahí. Te escuché con mis propios oídos decir que era la mujer que te había cambiado la vida. Así que ya deja las mentiras.
Él la miró en silencio por un momento. Luego suspiró. Un suspiro cansado, como si ella fuera un problema que ya no quería manejar.
—Está bien —señaló, metiendo las manos en los bolsillos—. Si eso quieres oír, te lo voy a decir. Lo de nosotros ya no funcionaba. Eso terminó hace tiempo. Esto con Tara es lo mejor para mí.
Brielle sintió que algo se rompía dentro de ella, pero no se permitió mostrar debilidad.
—¿Terminó hace tiempo? —repitió, con una risa amarga—. Eso no lo pareció la noche anterior cuando dormiste conmigo. Aunque no todos los días te quedabas en nuestro… —se cortó, apretando la mandíbula—. En mi apartamento. Pero ahora lo entiendo. Te acostabas con las dos al mismo tiempo. ¿Desde cuándo?
Jasper no respondió. Solo la miró con esa indiferencia que le heló la sangre. Brielle soltó una risa de molestia. Negó con la cabeza.
—Sabes qué, ya no importa. Da igual lo que hiciste y lo que hagas de ahora en adelante.
Brielle lo miró a los ojos. Y entonces, algo dentro de ella cambió. La rabia se convirtió en algo más frío y calculador.
—Yo también puedo hacerlo, ¿sabes? —añadió, con una calma, que a él desconcertó.
—¿Hacer qué?
—Ser infiel.
Jasper frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo? No lo creo, tú no eres así. No puedes estar con alguien más mientras estuvimos saliendo.
—¿Ah, no? Por supuesto que puedo —Brielle levantó una ceja—. Que vas a saber, realmente no me conoces.
—Claro que te conozco.
—Te equivocas —dijo ella, con la voz firme—. No siempre terminas de conocer a las personas. Como pasó contigo. Pues también ocurre conmigo.
Jasper la miró fijamente. Sus ojos verdes buscaban alguna grieta en su fachada.
—No te creo nada —dijo al fin—. Tú no eres capaz de engañarme con otro.
La sujetó del brazo con firmeza y la atrajo hacia él, sus ojos clavados en los de ella.
—Piensa lo que quieras —respondió Brielle, sin inmutarse—. Estoy con alguien, quieras o no, y ya no es de tu incumbencia. Te recuerdo que ya terminamos. Él sí es un buen amante. Me hace muy feliz en la cama. No como tú. Tú eres muy aburrido. En vez de darme coraje, me das lástima.
—No, mientes —siseó él, ya enfurecido, por aquéllas palabras.
—Suéltame —dijo, logrando soltarse de su agarre con brusquedad—. No voy a permitir que vuelvas a mandar en mi vida.
Jasper la miró, con los ojos entrecerrados.
—No te vayas de aquí hasta que me digas quién es —exigió—. ¿Lo conozco?
—Se llama...
Brielle no terminó la frase, porque no sabía que nombre inventarse. Su mirada se desvió, se había puesto nerviosa, y eso él lo notó de inmediato.
—Lo sabía —dijo Jasper, con una sonrisa triunfante—. Todo es invento tuyo para manipularme y hacer que me quedé a tu lado.
—¿Qué dices? —respondió ella, con la voz más firme de lo que se sentía—. Yo nunca mentiría con algo así, tampoco quiero retener a un cucaracho cómo tú. Lo que digo es verdad, y te lo puedo comprobar en cualquier momento.
Pero por dentro, su mente comenzó a darle vueltas a aquello que dijo.
«¿De dónde voy a sacar un supuesto novio? A quiénes conozco son solo amigos y Jasper conoce mi círculo de amistades. Nadie sería capaz de ayudarme y mantener una mentira de esa magnitud.»
Su mirada se movió hacia atrás de él, buscando alguna salida, alguna excusa. Y en eso, su vista se detuvo en un hombre alto.
Estaba a unos metros, de pie junto a la fila de primera clase. Camisa blanca, pantalones azul marino, muy alto, de porte dominante. Era el único en todo el aeropuerto que lograba atraer miradas solo por su atractivo. De hecho, era más atractivo que Jasper. Mucho más.
Su cabello era oscuro, piel algo morena, una mandíbula cuadrada que hablaba de determinación. Se veía más mayor. Tal vez unos treinta y cinco, o más. Pero no importaba. Era lo mejor que había. Y el hombre se caía de guapísimo.
Brielle tomó una decisión.
—¿Eso quieres? Entonces míralo con tus propios ojos —dijo, señalando con la cabeza hacia el desconocido—. Ahí está mi novio.
Dejó a Jasper atrás y caminó hacia el hombre con paso firme, como si realmente lo conociera de toda la vida.
Cuando llegó hasta él, rodeó su brazo con el de ella y se pegó a su costado con un descaro que sorprendió hasta a ella misma.
El hombre se puso rígido en cuánto sintió ese calor a su lado. Bajó la cabeza para ver a la mujer que de repente se había aferrado a su brazo. Sus ojos azules se abrieron con sorpresa y confusión. Pero luego, algo en su rostro cambió. La reconoció en solo unos segundos.
La recordaba bien, era la modelo que había salido corriendo de la empresa, y en lencería.
—Hola, amor —soltó de repente Brielle, con una voz que pretendía ser casual—. Me quise adelantar. Perdón por no haberte esperado y venirnos juntos.
Él juntó las cejas, claramente estaba más confundido. Brielle lo notó y se puso de puntitas para alcanzarlo, ya que era mucho más alto que ella, apesar de llevar unos zapatos con un poco de tacón.
Y le susurro.
—Por favor, sálvame de esta. Luego te explico. Es más, te puedo recompensar si me ayudas a salir de este aprieto.
El hombre la miró, la sorpresa volvió a su rostro. Brielle solo le guiñó un ojo, como si compartieran un secreto.
Miró hacia atrás para comprobar si Jasper seguía allí, y efectivamente, lo estaba, y estaba viendo aquella escena, sin perderse nada. Percibió algo en su rostro, furia, y algo más que en ese instante no supo descifrar.
En el momento que se movió para acercarse hasta donde estaban ellos, ella reaccionó rápido y se giró otra vez hacia el desconocido. Lo tomó de la camisa y lo inclino hacia ella sin previo aviso.
Sin esperar más, Brielle planto sus labios contra los del hombre alto. Este no hizo nada para apartarla, se había quedado como piedra, estupefacto.
—¿Tío? —dijo Jasper, con la voz quebrada entre la ira y el asombro.
La boca de ella seguía en los de él, pero ninguno de los dos se apartó.
«¿Dijo tío? ¿Por qué?»
