
Te voy a superar, me casaré con tu Tío
Anne Mon · En curso · 30.6k Palabras
Introducción
Decidida a no hacer un escándalo, Brielle guarda su dolor y se enfoca en su trabajo: una pasarela internacional que podría lanzar su carrera al estrellato. Pero cuando se encuentra con Jasper en el aeropuerto, las mentiras de él la empujan a inventar algo que jamás imaginó: un nuevo amor. Sin pensarlo, señala a un desconocido imponente que está cerca y lo presenta como su novio.
Lo que Brielle no sabe es que ese hombre es Maximilian König, el poderoso dueño de la marca para la que trabaja. Y también es el tío de Jasper.
Entre mentiras que se vuelven realidad, una atracción innegable que crece a cada paso y una venganza que está por desatarse, Brielle descubrirá que a veces la mejor manera de superar una traición es dejar que el corazón elija por sí mismo.
¿Podrá Brielle resistirse al hombre más peligroso de la industria? ¿Y qué pasará cuando Jasper descubra que su exnovia ahora está en brazos del único hombre al que siempre quiso superar?
Capítulo 1
El flash explotó una vez más, bañando de luz blanca el cuerpo de Brielle.
El set era un juego de luces y sombras, con sábanas de seda negra que se enredaban en sus piernas y un conjunto de encaje color rubí que apenas cubría lo necesario.
Su rostro, un mosaico de sensualidad y misterio, era el encargo de aquella tarde: la imagen principal de la nueva colección de Morgan König, perteneciente a la división de accesorios de una de las casas de joyas más exclusivas de Europa.
La campaña más importante de su carrera hasta la fecha.
—¡Así, Brielle, así! —exclamó Philippe, el fotógrafo francés, moviendo su cámara con destreza—. Esa mirada de mujer que guarda secretos, ¡perfecto! Las joyas tienen que brillar, pero tú tienes que brillar más. ¡Eres el escaparate de todo!
Ella esbozó una sonrisa leve, de esas que sus años de carrera le habían enseñado a ejecutar a la perfección frente a una cámara.
El collar de diamantes en forma de lágrima descansaba sobre su clavícula, los pendientes de zafiros rozaban sus mejillas y el conjunto de encaje rubí que cubría su cuerpo era la pieza central de la temporada.
A sus veintidós años, ya era una de las modelos más solicitadas de Los Ángeles, aunque llegar hasta allí no había sido sencillo.
Había aprendido a controlar cada expresión, cada movimiento y hasta la forma de mirar cuando una cámara se encontraba delante de ella, de modo que su rostro no mostraba ni rastro de la inseguridad que algunas veces todavía la asaltaba.
Sin embargo, aquella tarde su mente no estaba en los pliegues de la seda ni en el juego de luces. Estaba en su apartamento de West Hollywood, en la cama vacía que él había dejado esa mañana y, sobre todo, en aquel mensaje que encontró al despertar.
“Buenos días, hermosa. No pude quedarme, tenía que prepararme para el evento de esta tarde. Ya te extraño.”
Lo había leído tres veces antes de levantarse y después volvió a hacerlo durante el desayuno, mientras se arreglaba e incluso en el taxi de camino al estudio.
No había nada extraño en aquellas palabras, pues Jasper acostumbraba a escribirle cosas parecidas cada vez que se marchaba antes de que ella despertara.
Llevaba ocho meses escuchándolas.
Ocho meses de encuentros robados, de trasnochadas en su apartamento y de despedidas apresuradas antes de que amaneciera. Ocho meses queriendo gritarle al mundo que estaba enamorada, pero guardando silencio porque él aún no estaba listo para hacer pública su relación.
“Todavía no, Brielle”, le había dicho la semana anterior, cuando ella le preguntó si podía acompañarlo al evento de esa tarde. “Solo invitaron a modelos individuales, no a parejas. No quiero que piensen que te están dando el lugar por favoritismo.”
Ella había asentido, como siempre, guardando su decepción en el bolsillo, como siempre, porque quería creer que Jasper tenía sus razones y que tarde o temprano dejarían de esconderse.
Pero por dentro se preguntaba cuánto tiempo más tendría que esperar. ¿Cuándo sería el momento adecuado? ¿Cuándo dejaría de ser su secreto y podría ocupar, frente a todos, el lugar que durante ocho meses había ocupado únicamente detrás de puertas cerradas?
—¿Estás bien, Bri? —preguntó Paola, su compañera de trabajo y mejor amiga, acercándose con dos botellas de agua en las manos. Su acento puertorriqueño se hacía más marcado cuando se preocupaba—. Te veo distraída. ¿Pensando en él otra vez?
Brielle suspiró, tomando la botella que su amiga le ofreció.
—Sí, solo…
No terminó la frase, porque en ese momento una notificación llegó al teléfono de Paola.
Ella bajó la mirada hacia la pantalla y, apenas vio lo que acababa de aparecer, abrió mucho los ojos. Su expresión cambió tan rápido que no consiguió disimularlo, y eso fue suficiente para llamar la atención de su amiga.
—¿Qué pasa, Pao?
—No... no es nada —mintió y trató de bloquear la pantalla, pero Brielle fue más rápida y le arrebató el móvil de la mano.
Paola quiso detenerla, aunque ya era demasiado tarde.
La pantalla mostraba un portal de noticias de celebridades y el titular, escrito en negritas sobre una fotografía, le golpeó como un puñetazo en el estómago.
“JASPER MORGAN PRESENTA A SU NUEVO AMOR: LA MUJER QUE LE CAMBIÓ LA VIDA.”
—Dime que esto es una broma de mal gusto —susurró—. Dime que ese no es Jasper. Mi Jasper.
Evidentemente, era él.
Su Jasper.
El hombre que esa misma mañana le había enviado un mensaje con un corazón y que unas horas antes había estado en su apartamento.
Aparecía con una mujer pegada a su costado, mientras su mano descansaba firmemente en la cintura de ella, en una pose que gritaba posesión.
La misma pose que nunca, jamás, había hecho con Brielle.
Durante ocho meses había escuchado que todavía no era el momento, que debían cuidar sus carreras y que no convenía convertir su relación en un espectáculo para la prensa.
Sin embargo, ahora estaba frente a decenas de cámaras, sosteniendo a otra mujer como si nunca hubiera tenido motivos para esconder nada.
Pero no fue eso lo que terminó de helarle la sangre.
Fue reconocerla.
Sus dedos se volvieron hielo alrededor de la botella que todavía sostenía en una mano, hasta el punto de que esta estuvo a punto de caer al suelo.
—¿Esa es…? —tartamudeó.
—Tara —afirmó Paola, con la voz llena de furia contenida—. Nuestra amiga, o más bien, la que decía ser nuestra amiga.
Sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
Tara.
La mujer que hacía apenas un mes le había pedido consejo para conquistar a un chico que supuestamente le gustaba. La misma que se sentaba con ellas durante los descansos, compartía secretos, reía de sus chistes y escuchaba cada vez que Brielle hablaba de Jasper, incluso cuando se quejaba de que seguía manteniéndola escondida.
De pronto, aquel recuerdo adquirió un significado completamente diferente.
Tal vez Tara nunca había necesitado consejos para conquistar a ningún hombre.
Tal vez solo había querido saber cuánto sabía ella.
Ocho meses de esperar, de aceptar migajas y de creer que algún día él finalmente la presentaría al mundo. Mientras tanto, ya tenía a otra, y no cualquier mujer, sino una de las pocas personas a las que Brielle consideraba realmente cercana.
—Brielle —Paola le sujetó el brazo con firmeza—. Escúchame. No vayas. No les des el gusto de verte hecha pedazos. Ese par de falsos no merecen que hagas un escándalo por ellos.
Pero ella apenas escuchaba.
El dolor se retorció dentro de su pecho mientras contemplaba nuevamente la fotografía.
Por unos segundos esperó sentir ganas de llorar, pero las lágrimas no llegaron. En su lugar apareció una rabia caliente y descontrolada que le recorrió todo el cuerpo.
Quería verlo.
Necesitaba verlo.
Porque todavía existía una parte absurda dentro de ella que esperaba descubrir que aquello tenía alguna explicación, aunque la imagen frente a sus ojos dejara muy poco espacio para encontrar una.
Se soltó del agarre de Paola sin decir una palabra y se levantó del diván de un salto. Philippe alcanzó a verla desde detrás de su cámara y la siguió con la mirada, confundido por la manera en que abandonaba el set.
—¡Brielle! —exclamó el fotógrafo—. ¡Aún nos falta la última toma! ¡No puedes irte!
Pero ella ya estaba cruzando el estudio.
—¡Bri, por favor!
Paola intentó detenerla nuevamente por el brazo, aunque esta vez Brielle la esquivó sin siquiera mirarla. No estaba pensando en Philippe, en las fotografías pendientes ni en la cantidad de personas que se habían quedado observándola.
Solo podía pensar en el evento.
En Jasper.
En Tara.
Y en aquella fotografía que parecía haberse quedado grabada detrás de sus párpados.
—¡Brielle, al menos cámbiate! —gritó Paola—. ¡No puedes salir a la calle así!
Pero ya había atravesado las puertas del estudio.
Una de las asistentes que se encontraba en la entrada apenas alcanzó a reaccionar y tomó un abrigo beige que estaba colgado cerca del vestuario. Se lo colocó sobre los hombros antes de que continuara avanzando, pero Brielle ni siquiera se detuvo para cerrarlo.
El abrigo abierto dejaba ver el conjunto de encaje rubí que llevaba puesto: el sostén de encaje francés con detalles de diamantes simulados, las bragas a juego que apenas cubrían sus caderas y las ligas que sujetaban las medias de seda. Además, todavía llevaba encima el collar y los pendientes de Morgan König utilizados durante la sesión.
Era la pieza central de la nueva colección y parte del material que ni siquiera había sido presentado oficialmente.
En otro momento, habría sentido vergüenza de salir así y seguramente habría regresado al instante al recordar que todavía llevaba encima artículos pertenecientes a la campaña.
Sin embargo, en aquel momento nada parecía tener suficiente importancia para detenerla.
Cruzó el vestíbulo de mármol blanco con pasos apresurados, casi corriendo. Sus tacones repiqueteaban contra el suelo como un anticipo de la tormenta que llevaba dentro, mientras varias personas se giraban a verla pasar.
Uno de los hombres que se encontraba cerca de la recepción levantó discretamente el teléfono al reconocerla.
Después, alguien más hizo lo mismo, atraído por la extraña imagen de una modelo saliendo prácticamente en lencería de uno de los estudios más importantes de la ciudad.
Brielle no se dio cuenta.
Atravesó las puertas dobles de vidrio sin mirar hacia los lados. Su atención estaba fija en la calle, buscando el taxi que necesitaba y pensando únicamente en el evento donde, unas horas antes, Jasper había decidido presentar delante de todos a otra mujer como si ella nunca hubiera existido.
Pero el impacto llegó antes de que alcanzara el bordillo.
Su hombro chocó contra algo sólido y firme, un muro que no estaba ahí un segundo antes.
El contacto la desequilibró y un brazo fuerte la sujetó para evitar que terminara en el suelo. Sintió una mano grande y cálida rodeándole el antebrazo con firmeza mientras recuperaba el equilibrio sobre sus tacones.
Sin embargo, no levantó la vista, pues no le importó quién era. Tampoco tenía tiempo para detenerse y agradecerle.
Se soltó del agarre y siguió su camino sin mirar atrás. Sus tacones volvieron a resonar sobre la acera mientras levantaba la mano para detener uno de los vehículos que circulaban por la avenida.
—¡Taxi! —gritó, con la voz entrecortada.
A sus espaldas, el hombre que la había sujetado se quedó inmóvil durante unos segundos.
Sus ojos azules siguieron a la figura que se alejaba, observando el cabello castaño que le caía sobre los hombros, el abrigo beige que ondeaba con cada paso apresurado y, debajo de él, el encaje rubí de Morgan König que brillaba bajo la luz del atardecer de Los Ángeles.
Ella no había visto su rostro.
Ni siquiera le había dado una breve mirada.
Había chocado con él, se había soltado y había continuado su camino como si fuera invisible, algo a lo que Maximilian König no estaba precisamente acostumbrado.
Sin embargo, hubo otra cosa que terminó por llamar verdaderamente su atención.
Reconocía perfectamente aquel conjunto.
Él mismo había aprobado la colección semanas atrás y sabía que la mujer que acababa de abandonar el edificio era la modelo principal de una de las campañas más importantes de Morgan König.
Una modelo que había salido del estudio en mitad de una sesión, sin cambiarse y todavía llevando encima piezas pertenecientes a la empresa.
Aquello terminó de endurecer su expresión.
No solo había abandonado una producción sin ninguna explicación, sino que se había marchado con prendas y joyas de una colección que todavía ni siquiera había sido presentada oficialmente. Si alguna de esas piezas era fotografiada antes del lanzamiento, la campaña podía verse afectada y alguien tendría que responder por ello.
Maximilian no estaba acostumbrado a que las personas que trabajaban para su empresa ignoraran los protocolos, mucho menos durante una producción de aquella importancia.
—¿Jefe? —un hombre a su lado lo sacó de su ensimismamiento—. ¿Ocurre algo?
Maximilian no respondió de inmediato.
Sus ojos continuaron clavados en la joven mientras ella conseguía detener un taxi y abría la puerta trasera con evidente desesperación. Antes de subir, el abrigo volvió a abrirse y dejó a la vista parte de la lencería rubí y las joyas que todavía llevaba sobre el cuerpo.
Algo había ocurrido allí dentro.
Y, por la manera en que aquella mujer acababa de marcharse, evidentemente no había sido algo insignificante.
Sin embargo, fuera cual fuera el motivo, eso no cambiaba el hecho de que acababa de salir de una de sus campañas llevándose piezas que todavía no debían abandonar el estudio.
—Esa chica es la modelo de la campaña —dijo al fin—. ¿Cierto?
—Sí, señor. Brielle Carter, creo que así se llama.
—¿Y por qué acaba de abandonar mi campaña en mitad de una sesión y, además, se lleva piezas que todavía ni siquiera han sido presentadas? —preguntó, sin apartar la mirada donde ella había abordado.
Era evidentemente que su empleado no ten
ía una respuesta clara, por lo tanto simplemente dijo:
—No lo sé, señor.
Maximilian siguió observando mientras el taxi se incorporaba al tráfico.
—Averigua porque se fue y a dónde se dirige con mis joyas.
Últimos capítulos
#16 Capítulo 16 El Juego de todos
Última actualización: 9/4/2026#15 Capítulo 15 La mujer que no encajaba
Última actualización: 9/4/2026#14 Capítulo 14 La familia se entera
Última actualización: 9/4/2026#13 Capítulo 13 La presentación más inquietante
Última actualización: 9/4/2026#12 Capítulo 12 Una imagen conveniente
Última actualización: 9/4/2026#11 Capítulo 11 Consecuencias
Última actualización: 9/4/2026#10 Capítulo 10 Mujer elegante
Última actualización: 9/4/2026#9 Capítulo 9 Lo que todos creen ver
Última actualización: 9/4/2026#8 Capítulo 8 Una mentira a miles de metros de altura
Última actualización: 9/4/2026#7 Capítulo 7 Acompañante de vuelo
Última actualización: 9/4/2026
Te podría gustar 😍
Mi jefe dominante
El Sr. Sutton y yo no hemos tenido más que una relación de trabajo. El me da órdenes y le escucho. Pero todo eso está a punto de cambiar. Necesita una fecha para una boda familiar y me ha elegido como su objetivo. Podría y debería haber dicho que no, pero ¿qué más puedo hacer cuando amenaza mi trabajo?
Es aceptar ese favor que cambió mi vida entera. Pasamos más tiempo juntos fuera del trabajo, lo que cambió nuestra relación. Lo veo bajo una luz diferente, y él me ve bajo una luz diferente.
Sé que está mal involucrarse con mi jefe. Intento luchar pero no lo consigo. Es solo sexo. ¿Qué daño podría causar? No podría estar más equivocada porque lo que empieza siendo solo sexo cambia de dirección de una manera que nunca podría imaginar.
Mi jefe no solo es dominante en el trabajo sino en todos los aspectos de su vida. He oído hablar de la relación DOM/Subs, pero no es algo en lo que haya pensado mucho. A medida que las cosas se intensifican entre el Sr. Sutton y yo, me piden que me convierta en su sumisa. ¿Cómo puede uno convertirse en algo así sin experiencia ni deseo de serlo? Será un desafío para él y para mí, porque no me gusta que me digan qué hacer fuera del trabajo.
Nunca esperé que lo único de lo que no sabía nada fuera lo mismo que me abriera un mundo increíble y completamente nuevo.
Un amor mexicano
Pero, su camino cambia cuando se ve obligado por su padre a contraer matrimonio con la única hija de su padrino, Carolina Beltrán y, así, obtener más poder como más territorio en los negocios familiares. Pero ocurren atentados contra su familia, Daniel, busca a los culpables, pero entre más escarba, secretos encuentra, haciéndole pensar que el enemigo podría estar en su misma familia.
Corazón sin dueño
Santos del Diablo - Darkness
Después de regresar a casa tras su tiempo en la Marina, llega al club de los Cajuns y encuentra a su Luz en el sofá. Justo cuando la encuentra, se entera de que ella está fuera de su alcance. Es la hija del presidente de un club de motociclistas hermano. Ella está prohibida.
Camille ha pasado la mayor parte de su vida sin encajar. Tiene un grupo de amigos muy unido, pero no mucho más. Ha pasado la mayor parte de sus años de secundaria viviendo en el Shack, el más grande de los clubes de los Santos del Diablo. Una noche en la que no podía dormir, conoció a un hombre que no vio a una rara, sino a una mujer hermosa.
Al mudarse a Luisiana, descubre que él es mayor de lo que pensaba. Tiene que mantenerse alejada del único hombre que desea. ¿Qué pasa cuando no pueden mantenerse alejados? ¿Cuando ambos quieren lo que está prohibido?
Darkness se sentó en el sofá junto a ella.
—Nunca supe tu nombre.
—Camille. —Sonrió y cerró el libro en el marcador—. Y tú eres Darkness.
—Lo soy. —Incapaz de contenerse, extendió la mano y tocó suavemente su mejilla—. Eres tan bonita como recuerdo.
Ella se sonrojó bajo su mirada, pero nunca apartó la vista. Darkness se inclinó y presionó sus labios contra los de ella. Mantuvo el beso ligero, temiendo que si no lo hacía, iría demasiado lejos.
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
Notas de Colisión
Valentina Cruz es la mejor copiloto que nadie quiere contratar. En un mundo dominado por hombres, su talento táctico está desperdiciado en ligas menores, hasta que una deuda familiar amenazante la obliga a aceptar un trato con el diablo. Y el diablo tiene nombre: Ares Thorne.
Arrogante, temerario y con un historial de copilotos hospitalizados, Ares es el chico malo indiscutible del Campeonato Mundial. Necesita a Val para no perder su asiento, pero se niega a escuchar su voz. Encerrados en el infierno asfixiante del coche de carreras, la hostilidad inicial se transforma en una dependencia brutal. Cada curva ciega los obliga a confiar, cada roce en las cabañas heladas tras las carreras rompe sus defensas. Val pensó que lo más peligroso del rally era la pista, pero pronto descubrirá que lo verdaderamente letal es enamorarse del hombre que lleva el volante.
Mírame
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
Embarazada de los Gemelos Genios del Alfa
El enigma del millonario
"¿Eres virgen?" preguntó Ayden, y Arya casi escupió su bebida.
"Quiero decir, ¿cuenta si he usado un vibrador?", respondió ella mientras notaba cómo Ayden trataba de tragar con fuerza su agua.
"¿Cuántas parejas sexuales has tenido?", preguntó Ayden con seriedad.
"Bueno, solo he tenido un par de consoladores. Resulta que los de látex son muy resistentes", respondió ella sonriendo.
Ayden se levantó molesto y rompió el buen humor de la habitación. "Esto no es un puto juego, señorita Arya", dijo amenazante el millonario. "Lárgate".
"No, espera, estaba bromeando", trató de aclarar Arya.
"He dicho que te largues, ¡fuera!" puntualizó Ayden cada palabra y golpeó la mesa.
Arya, que veía su única oportunidad destrozada, se arrepintió de haber bromeado como lo hizo. Nunca pensó que tendría tales consecuencias. Caminó desolada hacia la salida sin esperar nada, sin saber qué hacer ni a quién recurrir.
Mientras intentaba detener un taxi, un Aston Martin de color oscuro se detuvo delante de ella. Era Ayden Emory. "Sube", le pidió, pero ella lo ignoró.
"¿Eres siempre tan testaruda? Sube o no hay trato", insistió Ayden.
La esperanza de que no todo hubiera terminado se apoderó de ella, y subió al lujoso coche del millonario.
Contrato Evans
A ella le dará la oportunidad de terminar sus estudios y evitar la muerte de su padre y a él la posibilidad de encontrar con quién resolver el asunto de contraer nupcias.
De las decisiones que ellos tomen va a depender si el contrato se cumple o termine antes de tiempo.












