Capítulo 4 El hombre equivocado
—¿Tío? —repitió Jasper, esta vez con una voz más clara, aunque todavía cargada de incredulidad.
Brielle sintió que todo su cuerpo se tensaba.
Sus labios continuaban pegados a los del desconocido, pero ahora ya no estaba pensando en Jasper, ni en demostrarle nada, ni siquiera en aquella mentira absurda que se le había ocurrido unos minutos antes.
Solo podía pensar en una palabra.
«¿Tío?»
Se apartó lentamente.
Sus manos continuaban sujetando la camisa blanca del hombre, mientras sus ojos avellana se movían de un rostro al otro.
Primero miró a Jasper. Después al hombre que acababa de besar.
Luego otra vez a Jasper.
—¿Dijiste… tío? —preguntó finalmente, sin poder evitar que la confusión se notara en su voz.
Jasper soltó una risa seca. No tenía absolutamente nada de diversión.
—No me digas que no sabías quién era.
Brielle abrió la boca, pero ninguna respuesta salió. Porque evidentemente no lo sabía.
Si hubiera sabido que aquel hombre era tío de Jasper, jamás se habría acercado a él.
Bueno…
Tal vez sí. Después de todo, quería darle donde más le doliera.
Pero probablemente habría pensado las cosas un poco mejor antes de plantarle un beso frente a medio aeropuerto.
El desconocido permaneció en silencio.
Sus ojos azules estaban clavados en Brielle con una expresión imposible de descifrar. No parecía avergonzado por el beso, tampoco sorprendido ya. Más bien parecía estarla analizando.
Eso la puso todavía más nerviosa.
Brielle soltó lentamente su camisa y se acomodó la blusa como si aquello pudiera devolverle algo de dignidad.
—Bueno, yo…
—¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió furioso Jasper.
Su voz había subido lo suficiente para hacer que algunas personas cercanas giraran la cabeza.
Brielle lo fulminó con la mirada.
—Baja la voz.
—¿Que baje la voz? —repitió él, dando un paso hacia ellos—. Acabo de encontrarte besando a mi tío y quieres que baje la voz.
—Tú ayer estabas besando a Tara delante de media ciudad y no me viste haciendo un espectáculo.
El rostro de Jasper se endureció.
—Eso no tiene nada que ver con esto.
—Claro que tiene que ver, y mucho.
—No, Brielle. No lo tiene.
—¿Por qué? ¿Porque tú sí puedes acostarte conmigo y después presentar a otra mujer como tu prometida, pero yo no puedo besar a quien se me dé la gana?
Jasper apretó la mandíbula.
Aquello consiguió arrancarle a Brielle una satisfacción pequeña, quizá infantil, pero en ese momento no le importó.
Al menos ahora él también estaba molesto.
—No estamos hablando de cualquier hombre —dijo Jasper, señalando al desconocido con una mirada cargada de rabia—. Estamos hablando de él.
Brielle levantó una ceja.
—¿Y?
—¿Y? —repitió Jasper—. Es mi tío.
—Ya escuché esa parte.
—Entonces explícame qué haces con él.
Brielle sintió que su seguridad se tambaleaba durante un segundo.
No tenía explicación, ni una sola.
Aquel hombre era un completo desconocido al que había elegido al azar porque era muy atractivo y parecía suficientemente convincente para sostener la mentira que acababa de inventar.
Eso era todo.
Pero si admitía la verdad, Jasper tendría exactamente lo que quería.
La prueba de que había mentido, y no pensaba darle ese gusto.
Así que levantó la barbilla.
—Ya te dije lo que hago con él.
—No te creo.
—Ese ya no es mi problema.
Jasper la observó fijamente. Después dirigió la mirada hacia su tío.
—¿Desde cuándo?
Brielle dejó de respirar.
«No.»
Él dio otro paso hacia ellos.
—¿Desde cuándo sales con Brielle?
Aquello era justamente lo que no quería que preguntara.
Giró apenas la cabeza hacia el desconocido.
Él continuaba mirándola. No había hecho absolutamente nada desde que ella lo besó.
Ni había dicho una palabra, ni un gesto. Nada.
Fue entonces cuando Brielle entendió que probablemente había llegado el momento en que aquel hombre decidiera apartarse y dejarla sola con su mentira.
No podía culparlo. Ella prácticamente lo había atacado, lo había obligado a que fingiera, incluso le había ofrecido dinero.
Y después terminó besándolo sin darle tiempo siquiera de responder si aceptaba o no.
«Estoy muerta.»
Jasper sonrió ligeramente cuando el silencio se prolongó.
—Lo sabía —dijo—. Todo esto es una estupidez que inventaste para hacerme sentir celos.
—No inventé nada.
—¿Entonces por qué el no lo admite?
Brielle volvió a mirar al desconocido.
En ese instante, sus ojos se encontraron. Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Pero ella intentó comunicarle todo con la mirada, es más, le estaba suplicando.
«Por favor.»
No sabía si aquello funcionaba fuera de las películas, pero en ese momento esperaba que sí.
El hombre bajó brevemente los ojos hacia ella para verla más de cerca.
Luego, con una tranquilidad que pareció enfurecer todavía más a Jasper, levantó una mano y la colocó alrededor de la cintura de Brielle.
Ella se quedó completamente rígida, congelada a lado del tío de su exnovio.
La palma grande y cálida quedó apoyada sobre su costado, atrayéndola apenas hacia él.
Fue un gesto sencillo, pero demasiado natural. Y demasiado íntimo.
Por alguna razón, el contacto hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
—¿Hay algún problema? —preguntó finalmente el hombre.
Su voz era grave, más de lo que Brielle había imaginado. Y tenía esa clase de calma que no necesitaba aumentar el tono para sonar como una amenaza.
Jasper parpadeó. Era evidente que tampoco esperaba esa respuesta.
—Te pregunté desde cuándo sales con ella.
—Y yo te pregunté si existe algún problema.
Jasper soltó una risa incrédula.
—Sí. Existe un problema. Ella estaba conmigo.
La mano alrededor de la cintura de Brielle no se movió.
—Por lo que acabo de escuchar, estás comprometido con otra mujer.
—Eso no significa que tú puedas…
—¿Pueda qué? —Con esa pregunta hizo que su sobrino se mantuviera callado. El hombre inclinó apenas la cabeza y continúo—. ¿Salir con una mujer soltera?
Brielle tuvo que contener una sonrisa en sus labios. Jasper la vio de reojo y eso terminó de empeorar su humor.
—Brielle no estaba soltera cuando ustedes empezaron esto.
—¿Y cuándo exactamente empezó esto? —preguntó ella rápidamente, antes de que Jasper pudiera seguir—. Porque según tú, lo nuestro ya había terminado hace tiempo. Esas fueron tus palabras, ¿recuerdas?
Él giró hacia ella.
—No cambies las cosas.
—No estoy cambiando nada. Estoy repitiendo lo que dijiste hace cinco minutos.
—Brielle…
—¿Qué? —lo desafió—. ¿Ahora sí te molesta imaginarme con otro hombre?
Jasper volvió a dar otro paso. En eso, el brazo que rodeaba la cintura de Brielle se tensó ligeramente.
Fue casi imperceptible. Pero ella lo sintió.
Y Jasper también pareció notarlo, porque detuvo el movimiento.
—No sabes con quién te estás metiendo —dijo, mirando a Brielle.
—¿Eso es una amenaza? —Ella frunció el ceño.
—Es una advertencia.
—Pues guárdatela.
—No estoy hablando de mí.
Sus ojos verdes se desviaron hacia su tío.
—Estoy hablando de él.
Algo cambió en el rostro del hombre. Pero no mucho, solo una ligera dureza en la mirada.
Lo fue suficiente para que él lo notará.
—Ten cuidado con lo que dices, Jasper.
Su voz continuaba tranquila, y eso la hacía todavía más intimidante.
Su sobrino apretó los labios. Por un momento pareció que iba a responder, pero finalmente retrocedió.
Brielle observó aquella escena con atención.
Era claro que había algo entre ellos. Algo que no tenía nada que ver con ella. Porque no era simplemente la molestia de un sobrino al descubrir que su tío estaba con su exnovia.
Había demasiado resentimiento en la manera en que Jasper lo miraba, como si aquello hubiera abierto una herida mucho más antigua.
—No sé qué estás intentando hacer —dijo Jasper finalmente, mirando a su tío—, pero no va a funcionar.
—No recuerdo haber dicho que estuviera intentando hacer algo.
—Si claro —Jasper soltó una risa amarga. Después se volvió hacia Brielle—. Tú y yo vamos a hablar en Zúrich.
—No, ya no hay nada de que hablar.
—No te estoy preguntando.
—Pues deberías empezar a hacerlo, porque ya no tienes derecho a decidir nada sobre mí.
—Brielle…
—Ya te dije.
Jasper la miró durante unos segundos. Su mirada descendió hacia la mano de su tío, que todavía descansaba en la cintura de ella.
Algo oscuro pasó por sus ojos.
—Esto no se queda así.
—¿Qué cosa? —preguntó Brielle—. ¿El hecho de que yo también pueda seguir con mi vida?
Esta vez no le respondió. Simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Sin embargo, después de avanzar algunos pasos, se detuvo un momento.
Miró por encima del hombro, pero su mirada no iba dirigida a Brielle. Sino hacia su tío.
—Siempre tienes que tenerlo todo, ¿no?
Brielle frunció ligeramente el ceño. El hombre a su lado no respondió, solo le mantuvo la mirada.
Jasper soltó una sonrisa seca sin humor, luego de eso continuó su camino hasta perderse entre las personas que avanzaban por la terminal.
Brielle se quedó mirando en aquella dirección durante algunos segundos antes de recuperarse de todo el alboroto que ella misma había provocado.
Pero aquella última frase se le quedó dando vueltas en su cabeza.
«Siempre tienes que tenerlo todo.»
No entendía qué había querido decir. Pero tampoco tuvo demasiado tiempo para analizarlo, porque de repente la mano que todavía permanecía alrededor de su cintura desapareció.
Y con ella, también la sensación extrañamente cálida que le había quedado en el cuerpo.
Brielle giró para darle cara al desconocido. Él ya estaba mirándola.
Ahora que Jasper se había ido, toda la calma que había mostrado durante la discusión parecía haberse convertido en otra cosa.
Frialdad.
—Gracias —dijo ella rápidamente.
El hombre no respondió.
—En serio —continuó—. No tenía por qué ayudarme. Sé que fue raro y que seguramente no entendió nada, pero…
—Correcto.
Brielle parpadeó confundida.
—¿Correcto qué?
—No entendí absolutamente nada.
Ella soltó el aire.
—Bueno, es una historia un poco larga.
—Tengo tiempo.
Aquella respuesta hizo que Brielle se removiera incómoda.
—Mire, fue una emergencia.
—Eso ya lo había deducido.
—Y agradezco que me siguiera la corriente.
Él levantó una ceja.
—¿Seguirle la corriente?
—Sí.
—Me besó.
Brielle se quedó callada al recordar aquel beso.
—Bueno…
—Sin preguntarme.
—No tuve tiempo.
—Eso no suele ser una justificación.
Sintió que las mejillas comenzaban a calentársele.
No era una mujer que se avergonzara fácilmente, pero recordar que literalmente se había lanzado sobre un desconocido en medio del aeropuerto empezaba a resultar bastante humillante ahora que la adrenalina había desaparecido.
—Está bien —admitió—. Tal vez eso fue demasiado. Pero funcionó.
Con eso último pareció haber una reacción diferente en su rostro. No exactamente una sonrisa, pero estuvo cerca.
Brielle lo miró con más atención.
Ahora que no estaba desesperada por usarlo como parte de su mentira, podía observarlo realmente.
Y pueda que eso haya sido un error.
Si era alto. Muchísimo.
Ella tenía que levantar ligeramente el rostro para mirarlo a los ojos. La camisa blanca se ajustaba perfectamente sobre sus hombros anchos y los primeros botones estaban abiertos, dejando ver una pequeña parte de su pecho.
«Dios, es realmente muy guapísimo.»
Apartó rápidamente la mirada.
No era momento para eso. Acababa de terminar una relación.
Bueno, aparentemente Jasper la había terminado mucho antes, solo que olvidó avisarle.
Además, aquel hombre era tío de su ex.
Eso por sí solo debería ser suficiente para que dejara de mirarlo. Aunque no ayudaba que fuera ridículamente atractivo.
—¿Por qué yo? —preguntó él.
Brielle regresó la mirada hacia su rostro.
—¿Qué?
—Había más hombres en este aeropuerto.
—Sí, eso es cierto.
—Entonces ¿por qué decidió que yo era su novio?
Ella abrió la boca, pero se detuvo para pensar. Ya que no podía decirle la verdad.
«Porque eras el más guapo.»
Eso sonaría todavía peor.
—Fue casualidad.
—No parecía casualidad cuando me señaló desde quince metros.
Brielle entrecerró los ojos.
—¿Siempre hace tantos interrogatorios?
—Cuando una desconocida se cuelga de mi brazo y después me besa, sí.
—No soy una desconocida. Su sobrino me conoce.
—Eso no mejora demasiado las cosas.
Ella soltó un pequeño bufido.
Definitivamente era arrogante. Muy atractivo, sí. Pero arrogante.
—Bien. Lo escogí porque parecía convincente.
—¿Convincente?
—Como novio. —Él la miró sin decir nada. Brielle comenzó a arrepentirse de haber respondido—. ¿Qué?
—Nada.
—Esa cara no parece nada.
—¿Qué cara?
—Esa de que está juzgándome.
—No necesito juzgarla. Usted está haciendo un buen trabajo sola.
Brielle abrió la boca, ofendida.
—Oiga…
—Además —continuó él, ignorando su protesta—, todavía queda pendiente mi recompensa.
Ella se quedó completamente quieta.
—¿Qué recompensa?
—Hace unos minutos dijo que podía pagarme.
La vergüenza regresó de golpe.
—Olvide eso.
—Fue bastante específica.
—Estaba desesperada.
—Eso también lo noté.
Brielle lo miró con molestia.
—Pues muchas gracias nuevamente y disculpe el beso. Ya podemos fingir que esto nunca sucedió.
Tomó el asa de su equipaje de mano y se dispuso a marcharse.
—No tan rápido. —Su voz la hizo detenerse.
Brielle giró lentamente.
—¿Ahora qué?
El hombre la observó unos segundos. Luego su mirada bajó hasta el bolso que llevaba colgado del hombro.
Después volvió a su rostro.
—Brielle Carter.
La expresión de ella cambió inmediatamente.
—¿Cómo sabe mi nombre? —Brielle sintió una pequeña incomodidad en el estómago—. ¿Jasper ya le había contado sobre mí?
—No.
—Entonces…
—Nos vimos ayer.
Ella frunció el ceño. No recordaba haberlo visto nunca.
El hombre pareció darse cuenta que ella estaba confundida, y que claramente no tenía idea de lo que le decía.
—En el edificio donde usted trabaja, salió corriendo de una sesión fotográfica.
Brielle continuó sin entender. Hasta que una imagen apareció repentinamente en su cabeza.
Ella corriendo, saliendo disparada por aquéllas puertas, después el choque con un desconocido, apenas recordaba ese golpe contra un cuerpo sólido y un brazo sujetándola para evitar que cayera.
En eso su expresión cambió.
—Usted.
