Capítulo 6 Una decisión impulsiva

Los ojos de Brielle aun permanecieron fijos en la pantalla del teléfono.

No era la imagen lo que más la había impactado. Era todo lo que representaba. Su carrera. Su reputación. Años de esfuerzo intentando construir un nombre dentro de una industria donde cualquier error podía convertirse en una etiqueta imposible de borrar.

La fotografía mostraba exactamente lo que ella había olvidado por completo en ese momento. Ella saliendo del edificio de Morgan König. Con aquel abrigo abierto sobre los hombros, dejando al descubierto la lencería rubí de la campaña. Las joyas de la colección König brillando contra su piel bajo la luz del exterior. Y alrededor de ella, cámaras.

Demasiadas cámaras.

El titular debajo de la imagen hizo que sintiera un vacío en el estómago.

"La modelo Brielle Carter abandona una sesión privada de Morgan König y aparece en público con piezas de la nueva colección. ¿Error profesional o estrategia publicitaria?"

Sus dedos se tensaron alrededor del teléfono.

Durante unos segundos no supo qué decir. Porque la peor parte era que las personas que habían escrito aquella nota no estaban completamente equivocadas.

Ella sí había salido del lugar corriendo como si algo la persiguiera. O más bien, porque algo la había alterado. También llevaba las piezas consigo. Y claramente había actuado sin pensar.

Aunque nadie conocía la verdadera razón.

Nadie sabía que en ese momento no era una modelo intentando llamar la atención. Era una mujer que acababa de descubrir que el hombre al que quería había estado construyendo una vida con otra persona mientras ella seguía creyendo que algún día dejaría de ser un secreto.

Pero eso no importaba para el mundo. La gente solo veía una imagen, y las imágenes podían destruir carreras.

—Esto es malo...

La confesión salió en un susurro.

Frente a ella, Maximilian permaneció completamente inmóvil. No parecía disfrutar viéndola preocupada, pero tampoco intentaba tranquilizarla. Era algo que Brielle empezaba a notar de él.

Ese hombre no reaccionaba como las demás personas. No corría a consolar, y tampoco decía palabras vacías para hacer sentir mejor a alguien.

Observaba. Pensaba. Y después actuaba.

—Las fotografías fueron publicadas antes de que el equipo legal pudiera solicitar que fueran borradas.

Brielle levantó la mirada.

—¿Y eso qué significa exactamente?

—Que la imagen de la colección ya está circulando antes de su presentación oficial.

Ella bajó lentamente el teléfono.

—Pero yo no hice nada con ellas. Tampoco pensaba quedármelas... —Su voz salió más rápida de lo que pretendía—. No intenté venderlas. No intenté utilizarlas para beneficio propio. Si eso es lo que piensa...

—No pienso nada de eso.

La respuesta fue inmediata. Tan tranquila que logró detenerla.

Brielle guardó silencio.

Maximilian sostuvo su mirada unos segundos antes de continuar.

—Ahora lo que intento entender es otra cosa.

Aquello llamó su atención.

—¿Qué cosa?

Él observó la fotografía nuevamente antes de responderle.

—¿Lo que descubrió en esa noticia valía la pena como para arriesgar su carrera y el futuro profesional que le otorgaba mi empresa?

La pregunta la tomó completamente desprevenida.

No esperaba eso. Esperaba una amenaza, una sanción, incluso una advertencia sobre contratos por haber expuesto una colección costosa. Pero no aquello.

—¿Qué?

—Abandonó una campaña importante. Salió de un edificio lleno de personas sin pensar en las consecuencias. Expuso su imagen públicamente de una manera nada profesional —Hizo una pequeña pausa—. Todo por comprobar si un hombre le estaba engañando realmente.

Brielle sintió que algo dentro de ella se tensaba. Porque no era una acusación ni una pregunta. Era un hecho.

Por alguna razón, resultaba mucho más difícil responderle.

—Usted no entiende.

—Entonces explíqueme.

Esta vez la forma en que lo dijo no fue arrogante. Fue directa. Como si realmente quisiera saberlo.

¿Pero por qué? Acababa de conocerla apenas unos minutos. O más bien, unas horas.

Brielle apretó los labios.

—Yo pensé que conocía a Jasper. —Su voz bajó ligeramente—. Pensé que estaba construyendo algo con alguien que sentía lo mismo que yo.

Sus dedos rodearon con más fuerza el teléfono, donde seguía viendo esas imágenes de ella.

—Y de pronto descubrí que mientras yo esperaba que algún día me reconociera delante del mundo, él ya había elegido a otra persona.

Por un instante, el rostro de Maximilian permaneció igual. Pero algo cambió en sus ojos. Fue apenas un segundo, tan pequeño que Brielle pudo haberlo imaginado.

—¿Y por eso salió corriendo dejando todo atrás?

Ella sostuvo su mirada.

—Por eso dejé de pensar.

El silencio entre ambos fue breve, pero no incómodo. Maximilian parecía procesar la respuesta.

—Una decisión tomada desde el dolor sigue siendo una decisión.

La frase pudo haber sonado cruel viniendo de cualquier otra persona, pero en él sonaba diferente. Como si hablara desde una experiencia propia.

Brielle quiso molestarse, decirle que no tenía derecho a juzgarla, pero algo en su expresión la detuvo. Ese hombre también parecía cargar con cosas que no decía.

—¿Siempre analiza todo de esa manera?

—Es la forma más eficiente de evitar errores.

—A veces las personas no funcionan como una empresa.

—Lo sé. Ya me lo han recordado varias veces.

La respuesta fue tan inmediata que la sorprendió. Maximilian desvió la mirada hacia el movimiento del aeropuerto.

—Ese es precisamente el problema —añadió, con un tono seco, pero que parecía ir más allá de la conversación.

Ella no preguntó qué quería decir con aquello. Porque algo le hizo sentir que aquella frase no hablaba de ella.

Hablaba de él.

«¿Alguien también lo lastimó?»

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