Capítulo 7 Acompañante de vuelo
Brielle apartó la mirada antes de que aquel pensamiento pudiera quedarse demasiado tiempo en su mente.
No tenía derecho a preguntarse por la vida de Maximilian König. Ni por sus heridas. Ni por aquello que escondía detrás de esa expresión tranquila que parecía incapaz de alterarse por nada.
Apenas unas horas antes ni siquiera sabía su nombre, y ahora estaba frente a él, intentando entender por qué un hombre como él parecía observarla como si estuviera tratando de resolver un misterio.
Y eso era algo que la incomodaba.
Porque ella no quería ser un misterio para nadie. Mucho menos para él.
Maximilian revisó nuevamente la hora en su reloj antes de tomar su equipaje de mano.
—Es hora de irnos.
Brielle salió de sus pensamientos.
—¿Irnos? ¿Usted y yo? ¿A dónde?
Él dio dos pasos sin responder inmediatamente, como si aquellas preguntas fueran algo que no necesitaban demasiada explicación.
—A la puerta de embarque.
Ella permaneció quieta unos segundos.
—¿La puerta de embarque de mi vuelo? —Señaló ella con su mano del lado contrario a dónde él caminaba—. Es hacía el otro lado.
Maximilian se detuvo y giró ligeramente el rostro hacia ella.
—Señorita Carter, usted me acompañará a la puerta de mi embarque.
Aquella respuesta no aclaraba absolutamente nada.
Brielle tomó su bolso y caminó detrás de él.
—Espere. ¿Qué dijo? —cuestionó, pero sin detenerse. Él tampoco lo hizo—. La sala para el vuelo a Múnich está hacia otra dirección, no hacía donde estamos caminando.
—Hacia donde me dirijo yo sí.
—Pero... —frunció el ceño—. Mi vuelo no. ¿A dónde quiere llevarme?
Finalmente se giró.
No parecía molesto. Simplemente parecía alguien que no entendía por qué una persona necesitaba tantas explicaciones antes de hacer algo.
—Señorita Carter, si quisiera hacerle daño, este sería un método bastante complicado.
Brielle abrió los ojos con incredulidad.
—No estaba pensando eso.
—Entonces no haga tantas preguntas y camine.
La respuesta fue tan seria que por un segundo no supo si estaba hablando en serio o simplemente tenía una manera demasiado extraña de comunicarse.
Y eso era lo más irritante. No podía saber en algún momento bromeaba. Aunque comenzaba a sospechar que Maximilian König probablemente no lo hacía nunca.
Lo siguió por el aeropuerto hasta una zona diferente a la que ella conocía. No era la entrada habitual donde esperaban los pasajeros. Era una zona más privada. Más tranquila, dónde había mucho silencio, excepto por un ligero sonido de los aviones. Era más exclusiva.
Brielle disminuyó el paso al notar que las personas que trabajaban allí reconocían inmediatamente a Maximilian, por como lo miraban y después desviaban sus miradas de él.
Sin duda, no era como Jasper, que disfrutaba que la gente supiera quién era. Con Maximilian era diferente. No buscaba atención. La atención simplemente llegaba hacia él.
Una empleada se acercó con una sonrisa profesional.
—Señor König, todo está listo.
Brielle se quedó en silencio. Aquellas palabras hicieron que una pequeña alarma apareciera en su cabeza.
Señor König.
No era solo un empresario conocido, eso ya lo sabía ella. Pero se acababa de dar cuenta que era alguien con un nivel de acceso que ella jamás había tenido.
Maximilian hizo un pequeño gesto con la cabeza.
—Gracias.
La mujer dirigió una mirada hacia Brielle, pero no preguntó nada. Y eso también le llamó la atención. Nadie cuestionaba nada cuando él estaba presente.
Continuaron avanzando hasta la entrada privada del avión.
Fue entonces cuando Brielle finalmente entendió. Sus ojos recorrieron el lugar.
—Espere...
Maximilian continuó caminando.
—¿Qué?
—Esta no es mi zona.
Él la miró de reojo.
—Lo sé.
Brielle soltó una pequeña risa nerviosa.
—Yo tengo otra clase de boleto.
—Eso también lo sé.
—Pues entonces hay un pequeño problema con eso.
Maximilian se detuvo.
—¿Cuál?
Ella señaló la zona ejecutiva.
—Que yo debería estar en la parte de pasajeros normales y con mi equipo.
—Yo no veo ninguno problema.
Brielle lo observó.
—¿Cómo que no?
Maximilian simplemente entregó su boleto de vuelo junto con su identificación a la persona encargada de la entrada. La mujer revisó rápidamente y después sonrió.
—Está todo resuelto, señor König.
Brielle permaneció en silencio.
Así de fácil. Incluso no necesito hacer ninguna llamadas, ni discutir con el personal a cargo. O sin esperar autorizaciones. Simplemente había mostrado su nombre y junto con ello una breve instrucción.
Fue entonces cuando ella entendió realmente la dimensión del poder que tenía ese hombre. No era únicamente por el dinero que tenía, aunque seguramente tenía millones y millones. Tenía influencia y autoridad. Esa seguridad de estar acostumbrado a que las puertas se abrieran antes de siquiera tocarlas.
Y aunque intentó evitarlo, una parte de ella quedó impresionada.
Otra parte, sin embargo, encontró aquello un poco irritante. Porque confirmaba exactamente la imagen que tenía de él. Un hombre que siempre obtenía lo que quería.
Finalmente subieron al avión.
El interior era completamente diferente a cualquier experiencia que Brielle hubiera tenido antes. No había filas estrechas. No había pasajeros intentando acomodar maletas en espacios pequeños, ni niños llorando o gritando. Todo era amplio. Elegante. Silencioso.
Los asientos parecían más pequeños sofás individuales que simples lugares para viajar. La luz tenue y cálida creaba una atmósfera que invitaba al descanso. Cada detalle estaba pensado para que el viaje fuera lo más cómodo posible.
Ella miró alrededor sin poder evitarlo. Maximilian, que caminaba delante de ella, alcanzó notar su expresión.
—¿Nunca había estado en un espacio como este?
Brielle apartó rápidamente la mirada, y borro cualquier reacción de asombro de su rostro. Le dio pena que la atrapará viendo aquello como si fuera algo sacado de las películas.
—No, jamás.
Llegaron a sus lugares. Él hizo un pequeño gesto para que ella tomara asiento primero y después Maximilian se acomodó en el suyo con absoluta tranquilidad.
Brielle todavía observaba discretamente el lugar.
Intentaba no parecer impresionada, pero era imposible. Nunca había viajado en una zona como aquella.
No era únicamente la comodidad.
Era la sensación de estar en un espacio creado para personas que vivían bajo reglas completamente diferentes a las suyas.
—Pensé que una modelo con su trayectoria estaría acostumbrada —dijo, mientras tomó la carpeta que tenía sobre el asiento.
La forma en que lo dijo no fue ofensiva.
Pero tampoco fue precisamente amable.
Porque aquel comentario no se refería exactamente a su carrera como modelo. No estaba hablando de las campañas, de los contratos o del nivel que había alcanzado dentro de la industria.
Se refería a algo más.
A Jasper.
A la relación que había tenido con él.
A la posición de su sobrino y a las facilidades que, en teoría, debería haber tenido alguien que estaba a su lado.
Brielle no lo interpretó de esa manera.
Para ella, solo era otro comentario de un hombre que parecía haber nacido en un mundo donde ese tipo de comodidades eran normales.
Brielle dejó su bolso a un lado.
—No exactamente.
Maximilian levantó la mirada.
—¿No?
—No suelo viajar así, solo con lo que me ofrece la empresa.
Él observó su reacción durante unos segundos antes de volver la vista hacia la carpeta.
—Supongo que los vuelos de la empresa cumplen con lo necesario.
—Sí —respondió ella—. Nos llevan a las presentaciones, cubren los hospedajes y todo lo relacionado con el trabajo.
—Morgan König ya es bastante generosa cubriendo transporte y alojamiento.
La respuesta salió tranquila, pero sin arrogancia y sin intención de presumir.
Pero aun así consiguió molestarla un poco.
Porque viniendo de alguien como él, esa frase parecía significar que las personas debían conformarse con lo que tenían y no esperar o pedir nada más.
Brielle dejó escapar una pequeña sonrisa cargada de ironía.
—Qué generoso jefe es usted. —El sarcasmo fue evidente.
Mientras ella esperó alguna reacción de su parte, una mirada molesta o un comentario cortante. Sin embargo, Maximilian ni siquiera se inmutó.
Simplemente continuó revisando los documentos frente a él.
Y aquello, por alguna razón, logró irritarla todavía más.
Era desesperante.
Con él nunca sabía si algo lo afectaba o si simplemente era incapaz de demostrarlo.
—¿Cuánto tiempo estuvo con mi sobrino?
