Capítulo 44: Paranoia

—Firmaré.

Me zafé de la mano de Fiona, decidida. En cuanto la pluma tocó el papel, el corazón me retumbó como un tambor.

A mi espalda, el sonido de las botas tácticas raspando el suelo anunció el cambio de turno de los agentes. Un policía joven susurró:

—Esta señora sí que tiene agallas; ni siqui...

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