Capítulo 34 ENEBRO

Llegué al café diez minutos antes, con la esperanza de que ese tiempo extra me ayudara a calmar los nervios deshechos.

No lo hizo. El estómago se me seguía haciendo nudos y, cada vez que pensaba en el mensaje de Knox, una nueva oleada de pavor me golpeaba como una resaca de tequila barato que se ne...

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