Capitulo 3.
El despacho estaba repleto de libros ordénanos en estantes justo detrás de un bonito escritorio de madera, y sobre éste, había un portarretratos con la fotografía de unos recién casados, así que me acerque con algo de curiosidad.
La novia era una mujer muy bonita, pero con un bronceado algo exagerado, su cabello rubio estaba recogido en un elegante peinado que dejaba sueltos unos cuantos rulos, llevaba un enorme vestido blanco que resaltaba su escultural figura. La chica podría fácilmente bajarle el autoestima a cualquier mujer. Pero no fue eso lo que atrajo mi atención, si no, el verla a ella con el rostro contraído por una sonrisa de oreja a oreja, mientras que el novio, se veía muy diferente, totalmente inexpresivo, aunque me pareció bastante atractivo también.
Tenía el cabello negr*, largo y algo rizado, o más bien rebelde, que le llegaba un poco más abajo de las orejas, un rostro con facciones muy masculinas y llamativas, como sus intensos ojos de color marrón, y sobre ellos tenia unas cejas algo pobladas.
En cuanto a su cuerpo, se veía como alguien que se la pasa ejercitándose, mas no levantando pesas ya que a través de la tela de su elegante traje se podían apreciar unos músculos muy bien definidos pero no exagerados...
Ambos parecen igual de altos y resultaba difícil decidir quien de los dos era más apuesto, aunque a mi parecer, el puesto se lo llevaba él, pero ese solo era mi punto de vista.
-Ellos son los dueños de la mansión-Me informó Violeta, al notar mí indiscreta curiosidad-Ella es Elena y el, Salvatore. Son los señores Lombardi.
-Parece como si la fotografía la hubiesen sacado de una revista-Admití atontada-Pero se ven algo jóvenes para ser los señores, ¿Qué edad tienen?-De inmediato me arrepentí de haber abierto la bocata-Lo lamento, no quiero parecer una chismosa.
-Tranquila... En realidad si se cansaron siendo bastante jóvenes, ya llevan cuatro años de matrimonio y ahorita, Elena tiene veintiséis años y Salvatore veintisiete.
-Entonces supongo que contrajeron matrimonio porque están muy enamorados...¿Cierto?
Violeta puso cara de "no lo creo", y me pregunté por qué alguien querría cansarse siendo tan joven, si no es por esa razón.
-La fotografía habla por si sola, ahí puedes ver, quién está feliz y quién no parece estarlo.
Fruncí el ceño.
-¿Como puede alguien casarse sin estar enamorado?
-Como se nota que no conoces a el señor Massimo Lombardi.
-¿A quien?
-A el padre de Salvatore... Si ese hombre dice que debe caer nieve durante el verano, hasta el mismo cielo cumpliría sus órdenes. No ha nacido quién se atreva a llevarle la contraria-Se estremeció con solo hablar del hombre-Como te podrás imaginar, el fue quién arregló todo.
Sentí miedo de solo escuchar la referencia que me dio del tal Massimo.
-¿Y el vive aquí?, El padre de Salvatore-Intente mantener un tono neutro pero creo que se notó un leve temblor en mi voz.
-No... -Casi suspiré aliviada-El vive en Italia, pero viaja de vez en cuando para acá.
Esa última parte no me entusiasmo demasiado.
-Y supongo que Elena y Salvatore si están aquí.
-Tampoco, se encuentran de viaje y lo más probable es que regresen en una semana...ah, pero mucho cuidado con llamarlos por sus nombres, cuando te dirijas a ellos debes hacerlo con respeto, decirles señor y señora.
-Entendido mi generala-Me paré firme como un soldado y Violeta se sonrió.
-Ay Stellita, espero que al final de esta semana tengas ese mismo sentido del humor.
"Yo también espero lo mismo".
Ambas salimos del despacho y caminamos hasta una puerta que queda a pocos metros de distancia.
-Me faltó por mostrarte las habitaciones de arriba, y la alberca, pero eso puedo hacerlo más tarde...Por ahora necesito que pulas todos los adornos de la casa y para eso, tienes que cambiarte esa ropa y colocarte el uniforme.
-Comprendo.
-También debes traer tus cosas para que te instales aquí, aunque eso tendrá que esperar hasta mañana.
-¿Voy a dormir aquí?
-No pensarás viajar todos los días, ¿O sí?
-No, no, tiene razón, me parece bien quedarme aquí.
-Entonces en ese caso-Abrió la puerta que estaba frente a nosotras-Esta será tu habitación.
No pude evitar poner cara de asombro al ver el dormitorio que ocuparía.
-¿Te gusta?-Pregunto Violeta, con una media sonrisa, supongo que por mi expresión.
-Me encanta-Admití, caminando hasta la enorme cama que había en el centro, muy distinta a la colchoneta en la que suelo dormir-¿Éste cuarto es solo para mi?
-Si, esos de ahí son el baño y el closet-Señalo dos puertas adicionales que estaban a la izquierda-El el closet están los uniformes... cuando te hayas cambiado, me avisas para presentarte a los demás empleados, y después, para indicarte donde van a empezar a limpiar.
-Esta bien señora Violeta, muchas gracias.
-Lo de señora déjalo para los dueños de la casa, a mi llámame Violeta.
-Esta bien Violeta, y gracias de nuevo, por la oportunidad.
-No es nada, pero en serio espero que no me defraudes.
-No lo haré, lo prometo.
-Bueno Stella, mejor empieza a cambiarte que tenemos mucho trabajo que hacer.
-De inmediato.
Salió de la habitación y lo primero que hice fue lanzarme en la cama boca arriba con los brazos abiertos, sonriendo plácidamente porque era como acostarse en una nube suave y esponjosa.
-Definitivamente, me va a encantar éste empleó.
Si en ese instante hubiese sabido todo lo que sucedería en ésa mansión, nunca habría dicho esa frase... Por algo mi madre siempre me decía "No cuentes los pollitos antes de nacer".
