101.

Cuando rompí las correas con una facilidad abrumadora, entonces Adrián volteó a mirarme. Tenía el labio roto, un ojo morado que se cerraba hasta casi impedirle ver con claridad, pero, a pesar de aquello, pude ver en su expresión una mueca de horror, de miedo.

— ¿Qué fue lo que hiciste, Matilde?  — ...

Inicia sesión y continúa leyendo