132.

Con tuve el aliento, desesperada, asustada. Sabía que al más mínimo movimiento podrían descubrirnos, podrían descubrir que estábamos escondidas en el escritorio. Si nos atrapaban ahí, sería el fin. No podía permitirlo. Así que le hice señas a Estefanía para que guardara silencio. La muchacha apretó ...

Inicia sesión y continúa leyendo