144.

Adrián abría mis piernas con fuerza; era una fuerza medida y calculada, lo suficientemente fuerte, lo suficientemente tranquila y pausada. Mis muslos tocando mi abdomen. Sus cálidas y anchas manos, apoyadas en mis rodillas, dejaron expuesto por completo mi interior.

Pude ver cómo sus ojos brillaron...

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