156.

Me quedé ahí, abrazándome a mí misma con fuerza, sollozando. La rabia que sentía hacia Ezequiel era comparable con el dolor que estaba sintiendo en ese momento. Porque Jessica y Estefanía, el papá de los Almeida, mi abuelo, sobre todo Adrián… Era lo único que me quedaba en la vida. Ya no tenía nada ...

Inicia sesión y continúa leyendo