160.

No podía permitirlo. De verdad que no podía permitirlo. Entonces, aunque tenía las manos esposadas, me lancé contra el cuerpo de Ezequiel, apoyando mi hombro en su pecho y empujándolo. El disparo de todas formas salió de su arma. El cuerpo del hombre perdió el equilibrio y ambos caímos al suelo. Cua...

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