184.

Una enorme paz me invadió por completo. Era algo que nunca había llegado a sentir, una calidez que se extendió por todo mi organismo cuando sentí la humedad de la pequeña boquita de mi hijo en mi pezón. Sus ojos se abrieron; eran celestes, como los de Adrián. Aquello me hizo sentir en la gloria, por...

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