194.

De no ser porque Adrián me detuvo en ese instante, hubiera caído arrodillada al suelo, presa de un enorme mareo.

— ¿De qué diablos estás hablando?  — le pregunté, mientras le daba al pequeño Johan a Ismael para poder sostenerme.

— Así como lo estás escuchando  — dijo el detective, mientras cargaba...

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