240.

La puerta de la habitación volvió a cerrarse.

Esta vez con más fuerza.

Matilde apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que había estado conteniendo desde que salió del despacho.

No lloró de inmediato.

Ni siquiera tuvo fuerzas para hacerlo.

Solo permaneció inmóvil.

Con la mirada perd...

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