243.

El despacho quedó atrás.

Las voces se apagaron.

Los pasos de los escoltas comenzaron a perderse por los pasillos de la residencia.

Y Matilde caminó sin saber exactamente hacia dónde.

Sentía el pecho vacío.

No porque hubiera llorado.

Sino porque ya no le quedaban fuerzas para hacerlo.

Había im...

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