253.

Ezequiel permanecía acostado sobre el estrecho catre de concreto de su celda, con un brazo cubriéndole parcialmente los ojos.

Había aprendido a distinguir el paso del tiempo por los sonidos.

El cambio de turno de los guardias.

Las bandejas del desayuno.

El ruido metálico de las rejas.

Los grito...

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