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Matilde no esperó a que Ismael dijera nada.

Abrió la puerta del automóvil y bajó de inmediato.

El calor la golpeó en el rostro.

Por un instante tuvo que cubrirse con el brazo para protegerse del humo que avanzaba por la calle. La alcaldía estaba envuelta en llamas. Grandes lenguas de fuego salían po...

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