Asustándolo

Blair

Me senté en el sillón de la sala y me acurruqué, con las rodillas bajo el mentón. Las lágrimas ya no corrían por mi rostro y lo único que quedaba era un vacío aterrador.

Como era de esperarse, Felix vino tras de mí. No lo miré mientras caminaba por el pasillo, pero podía notar por su respira...

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