Siempre mía

En cuanto me dejó sobre la cama, su peso cayó encima de mí, empujándome las piernas hacia los lados. Mis piernas se abrieron por sí solas y acunaron sus caderas, permitiéndome sentir el bulto duro de su erección.

—Me estoy quemando de calor —murmuró, inclinando la cabeza hacia mí.

Sin embargo, en ...

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