
Una Curvy entre tres hermanos
Rodion Chijack · En curso · 97.3k Palabras
Introducción
Curvy, intensa, emocionalmente rota, solo quería salvar su hogar y recuperar el deseo que había perdido en un matrimonio que se desmoronaba.
Lo que no esperaba era cruzar una línea imposible de desdibujar.
Tres hermanos.
Tres miradas distintas.
Tres formas de tentación.
Uno es control, otro es fuego, el tercero es silencio… y todos despiertan algo que Lara creía enterrado: su necesidad de sentirse vista, deseada y viva.
Atrapada entre la culpa, la pasión y decisiones que no tienen marcha atrás, Lara deberá enfrentarse a sus propios límites mientras el deseo se vuelve cada vez más oscuro y peligroso.
Una curvy entre tres hermanos es una historia de infidelidad, atracción prohibida y caos emocional, donde el placer y la destrucción caminan de la mano y nadie sale ileso.
Capítulo 1
Había demasiado movimiento aquella noche. El bar estaba lleno y yo apenas podía avanzar con mi curvilíneo cuerpo: senos grandes, caderas anchas y un trasero que siempre llamaba miradas. Tomás—mi cuñado, mi jefe, el hermano menor de Daniel—se movía justo a tiempo para rozarme cada vez que pasaba.
Al principio parecía casual. Luego dejó de serlo. Sentía su cuerpo pegado al mío, sus ojos siguiéndome cada vez con más descaro.
Cuando cerramos él me ofreció una copa y yo decidí llamar a mi marido, aunque el calor que Tomás me dejaba en la piel también me confundía.
—Voy a avisarle que ya cierro —le dije, buscando el celular detrás del mostrador.
Daniel contestó enseguida. Le conté que el turno se había alargado. Dijo que no importaba, que se estaba quedando dormido. Su voz sonaba molesta aunque intentaba ocultarlo. Colgué antes de que me preguntara si estaba sola.
Cuando me senté frente a Tomás, el silencio se sintió más pesado que todo el ruido anterior. Me sirvió whisky sin preguntar. Bebí un sorbo.
—¿Cómo se lo ha tomado mi hermanito hoy? —preguntó, con esa media sonrisa que usaba para provocar.
—Bien —mentí—. Le dije que me iba a tener que quedar a hacer horas extra.
Tomás soltó una risa corta, seca. No paraba de mirarme las tetas y el muy descarado ni siquiera se daba el trabajo de disimularlo.
—¿Horas extra? —repitió, levantando una ceja—. ¿Y mi hermanito te cree eso?
—Claro —dije, encogiéndome de hombros—. ¿Por qué no me habría de creer?
—Porque te mira como si fueras una santa —murmuró. Dio un trago y añadió—: Y tú… no lo eres tanto, cuñadita...
Apoyó los codos en la barra, tan cerca que sentí su olor, mezcla de tabaco y sudor seco.
—Siempre me pregunté qué se sentía estar con una mujer como tú —susurró—. Mi hermano tiene suerte, aunque no sepa qué hacer con ella.
El corazón me golpeó el pecho.
—Eres un imbécil.
—Sí, pero un imbécil sincero —contestó, sonriendo de costado—. No entiendo cómo puede dormir a tu lado y no…
—Ya basta —le interrumpí.
—Solo hablo —dijo—. Pero si me dejas, también sé callarme.
Su mirada bajó otra vez hacia mis enormes tetas. No lo hizo con apuro ni culpa. Era descaro puro, una invitación.
—Eres un idiota —repetí, pero esta vez mi voz sonó distinta.
Tomás rió en silencio.
—Tal vez, cuñadita, tal vez, pero dime algo ¿Cuánto hace que no te toca?
Sentí que el aire se me atascaba.
—Eso no te importa.
—Me importa, sí. Porque se nota. Lo llevas en la piel.
Tomás me iba a llenar la copa otra vez.
—No, gracias. Ya tengo suficiente —respondí, apartando el vaso.
—Entonces déjame llevarte a casa —dijo, más suave.
—Puedo sola.
—No dudo que puedas —susurró—. Pero no quiero que te pase nada.
Lo miré un instante más. Su lengua humedecía el borde del vaso, y yo solo pensaba en cómo sería si esa lengua estuviera sobre mí.
—Llévame.
Apagó las luces una por una y el bar se fue quedando a oscuras, como si el mundo nos borrara para no tener que mirar.
El viaje hasta la casa fue un silencio lleno de electricidad, y cuando detuvo el auto frente al edificio me miró con una sonrisa breve.
—Voy a subir a saludar a mi hermanito.
—No. —Intenté sonar firme—. Es tarde, Daniel está agotado.
—Un minuto, cuñadita, nada más.
Suspiré y me siguió. El pasillo del edificio estaba en penumbra. Tomás caminaba detrás de mí, tan cerca que sentía su respiración en la nuca.
—Podrías al menos invitarme a un vaso de agua —dijo, con voz baja, casi un roce en el oído.
—No seas pesado, Tomás.
—¿Pesado? —Se rió—. Si vieras cómo te tiemblan las manos...
Me giré para responderle y él aprovechó el movimiento. Me sujetó de la cintura con una sola mano, la otra apoyada en la pared junto a mi cabeza. Su cuerpo me acorraló.
—Suelta —le dije, sin convicción.
Él no obedeció. Bajó la mirada, recorriéndome entera. Su pecho se movía rápido; el mío también.
—No deberías mirarme así, cuñadita —susurró.
—¿Así cómo?
—Como si quisieras que siguiera.
Quise hablar, pero mi voz no salió. Sentí su pulgar dibujar círculos lentos sobre mi cadera, apenas, lo justo para que el cuerpo se me arqueara sin querer.
—Tomás... —dije al fin.
—Dime que pare —pidió, muy cerca.
Nos quedamos así, suspendidos un segundo eterno, hasta que tuve que romper el hechizo.
Di un paso atrás, le di un beso rápido en la mejilla —el contacto me ardió— y abrí la puerta.
—Buenas noches —dije.
El portazo sonó más fuerte de lo que esperaba. Me apoyé en la madera, con el corazón desbocado. Todo mi cuerpo vibraba como si acabara de cometer algo imperdonable.
Me toqué las bragas. Me dió vergüenza lo húmeda que estaba.
Me metí al baño en silencio, descalza, sintiendo el suelo frío bajo mis pies. Desde la rendija de la puerta vi que la pantalla del televisor aún parpadeaba. Daniel no dormía, fingía.
Pensé en él. En cómo me hacía el amor cuando todavía creía que la vida podía mejorar. En cómo me tomaba la cintura con hambre. En cómo se corría tras darme hasta dejarme muerta. Eso era lo que más extrañaba. No el romanticismo, no los abrazos. Extrañaba su verga. Así, con todas sus letras.
Ese era mi verdadera tragedia.
Volví al baño. Me puse la única camisa de dormir que sabía que le gustaba: de encaje negro, corta, con tirantes finos y la espalda baja.
Me miré en el espejo. Tenía el cabello suelto, un poco revuelto. Los labios pintados desde antes del turno. Los senos grandes y tensos contra la tela, las caderas marcadas, el culo firme y redondo. Esa parte de mí que inevitablemente se llevaba constantes miradas.
No era perfecta, pero sabía lo que provocaba. Necesitaba que me dieran y Tomás tenía la culpa.
Me acerqué a la cama en silencio y me deslicé a su lado. Le rodeé la cintura por detrás, con los muslos aún tibios y el corazón apurado. Le besé el cuello, muy suave. Él se tensó.
Se giró apenas, sin verme.
—Estoy cansado, Lara.
—Solo quería…
—Quiero dormir.
Y se acomodó más lejos.
Me quedé quieta. Sintiendo cómo se me apagaba el cuerpo de a poco. No lloré. No me enojé. Solo me quedé ahí, con el deseo entre las piernas y
la vergüenza en la boca del estómago.
Necesitaba urgentemente una verga dentro de mí y ya no estaba tan segura de poder aguantarme.
Últimos capítulos
#90 Capítulo 90 Pingüinos en la cama
Última actualización: 2/23/2026#89 Capítulo 89 Permiso para crecer
Última actualización: 2/23/2026#88 Capítulo 88 Poder limpio
Última actualización: 2/23/2026#87 Capítulo 87 La diferencia
Última actualización: 2/23/2026#86 Capítulo 86 Terminando de destruir todo
Última actualización: 2/23/2026#85 Capítulo 85 Una espera inesperada
Última actualización: 2/23/2026#84 Capítulo 84 El santuario del maestro
Última actualización: 2/23/2026#83 Capítulo 83 Una amenaza silenciosa
Última actualización: 2/23/2026#82 Capítulo 82 La propuesta
Última actualización: 2/23/2026#81 Capítulo 81 Proyecciones
Última actualización: 2/23/2026
Te podría gustar 😍
El regreso de la princesa de la mafia
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Empezar de Nuevo
© 2020-2021 Val Sims. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta novela puede reproducirse, distribuirse o transmitirse de ninguna forma ni por ningún medio, incluidas las fotocopias, la grabación u otros métodos electrónicos o mecánicos, sin el permiso previo por escrito del autor y los editores.
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
Un juego del destino
Finalmente, después de años de no tomar sus vacaciones, las toma para su próxima boda y luna de miel, pero todo da un gran giro cuando está en Hawái, sola y sin esposo, por lo que por primera vez lanza una moneda al aire y decide vivir una noche sin riesgos y apasionada con el primer extraño que encuentre en un bar y al que nunca verá en su vida, ¿Cuál era la probabilidad de volverse a encontrar? Completamente nula.
Pero el destino los vuelve a juntar inesperadamente… Y en el lugar que menos esperaban.
Un juego del destino.
Fuera de Límites, Mejor Amigo del Hermano
—Vas a tomar cada pulgada de mí. —Susurró mientras empujaba hacia arriba.
—Joder, te sientes tan jodidamente bien. ¿Es esto lo que querías, mi polla dentro de ti? —Preguntó, sabiendo que lo había estado tentando desde el principio.
—S..sí —jadeé.
Brianna Fletcher había estado huyendo de hombres peligrosos toda su vida, pero cuando tuvo la oportunidad de quedarse con su hermano mayor después de graduarse, allí conoció al más peligroso de todos. El mejor amigo de su hermano, un Don de la mafia. Él irradiaba peligro, pero ella no podía mantenerse alejada.
Él sabe que la hermanita de su mejor amigo está fuera de límites y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ella.
¿Podrán romper todas las reglas y encontrar consuelo en los brazos del otro?
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
El Remedio de Medianoche del CEO
Mi nombre es Aria Harper, y acabo de atrapar a mi prometido Ethan acostándose con mi hermanastra Scarlett en nuestra cama. Mientras mi mundo se desmoronaba, ellos planeaban robarme todo—mi herencia, el legado de mi madre, incluso la empresa que debería ser mía.
Pero no soy la chica ingenua que creen que soy.
Entra Devon Kane—once años mayor, peligrosamente poderoso, y exactamente el arma que necesito. Un mes. Un trato secreto. Usar su influencia para salvar mi empresa mientras descubro la verdad sobre la "muerte" de mi madre Elizabeth y la fortuna que me robaron.
El plan era simple: fingir mi compromiso, seducir información de mis enemigos, y salir limpia.
Lo que no esperaba? Este multimillonario insomne que solo puede dormir cuando estoy en sus brazos. Lo que él no esperaba? Que su arreglo conveniente se convertiría en su obsesión.
A la luz del día, es un maestro de la indiferencia—su mirada deslizándose más allá de mí como si no existiera. Pero cuando cae la noche, está levantando mi vestido de encaje, sus manos reclamando mis pechos a través del material transparente, su boca encontrando el pequeño lunar en mi clavícula.
—Eso es—susurra contra mi piel, con la voz tensa y ronca—. Dios, te sientes increíble.
Ahora las líneas están borrosas, las apuestas son más altas, y todos los que me traicionaron están a punto de aprender lo que sucede cuando subestiman a Aria Harper.
La venganza nunca se sintió tan bien.












