Capítulo 8 (-8-)

—¡Es un descarado! ¡Un hipócrita! ¡No puedo creerlo! —Ángela agitaba las manos en el aire mientras caminaba.

—Cálmate, Ángela...

—¿Calmarme? ¿Calmarme? —preguntó con sarcasmo—. ¡Me voy a calmar el día que mis nietos estén aquí, viviendo con nosotros, y no con ese bueno para nada!

—Ángela, por fav...

Inicia sesión y continúa leyendo