Enviado para matar

Me deslicé en mi cámara, envuelta en la comodidad de las sombras. Sin embargo, la persistente sensación de ojos invisibles sobre mí permanecía, una presencia inquebrantable que seguía cada uno de mis pasos. Agotada por el tumulto del día, busqué refugio en la quietud de mi habitación. Colapsando en ...

Inicia sesión y continúa leyendo