39: Atada a él

Alexandra apartó unos mechones de cabello que descansaban en mi rostro; su sonrisa amable me hizo abrazarla con fuerza y solloce en su pecho.

—Niña tonta —ella comenzó a acariciar mi espalda con cariño—. ¿Por qué no me has dicho que estabas pasando por un momento difícil? Quizás no hubiera metido m...

Inicia sesión y continúa leyendo