
Vendida al magnate
lourdes leyton · En curso · 486.6k Palabras
Introducción
Pero su mundo se derrumba cuando descubre la traición de aquel en quien confiaba ciegamente. Herida y vulnerable, cruza caminos con Noel Hill, un magnate poderoso y distante que la intimida tanto como la atrae. Lo que comienza como un encuentro inesperado se convierte en una noche de pasión… sin que Alexandra sepa que ese hombre misterioso es, en realidad, el prometido que su familia ha elegido para ella.
Cuando la verdad sale a la luz, ya es demasiado tarde: Alexandra está embarazada… de gemelos. Entre la desconfianza, los secretos y un deseo que amenaza con consumirlos, ella deberá decidir si su matrimonio con Noel será solo un acuerdo de conveniencia o el inicio de un amor que ninguno de los dos planeó, pero que podría salvarlos de sí mismos.
Capítulo 1
Ni siquiera había colocado las llaves en su sitio cuando miré a mi padre de pie justo delante de mí. Su mirada era seria, sabía bien que iba a decirme algo que probablemente iba a acabar en un problema muy serio.
—Alexandra, te vas a casar en poco tiempo. Debes de aceptar el compromiso en tres días y la boda se llevará a cabo en un mes.
—¿Acaso has perdido la cabeza? —me asusté al escuchar ese tono tan serio y pensé en la única persona que me interesaba —. Te recuerdo que tengo un novio, que se llama Peter. Si no es con él con la persona que me voy a casar, te digo que no pierdas tu tiempo.
Caminé rumbo a mi habitación, no quería discutir con papá porque sabía bien que todo esto acabaría más que fatal.
—La empresa está a punto de quebrar, ese matrimonio es la única oportunidad que nosotros tenemos para poder seguir teniendo el estilo de vida que sostenemos hasta el momento. Trata de ser un poco sensata.
Me detuve en seco, me giré y vi a mi papá lo más seriamente posible. Tenía que descubrir si él mentía de alguna manera posible, pero no, su mirada era sincera.
—En caso de que eso sea cierto —me negué a creer que esto era verdad —pídele ayuda a Madison, ¿La recuerdas? Es tu hija predilecta, la misma que vendiste por unos cuantos pesos a un hombre rico.
—¡Alexandra! —mi papá enrojeció debido a la rabia —. ¡No salgas con tus cosas! ¿Acaso piensas que tu hermana se ha quedado de brazos cruzados al ver nuestra situación? Ella nos ha estado ayudando a sufragar los gastos de la casa, pero no podemos abusar tanto de su generosidad. El pozo en el que nos encontramos es profundo y solo el hombre con el que he decidido casarte es capaz de ayudarnos con este problema.
—En caso de que eso sea cierto, lo lamento demasiado, papá, pero no pienso ceder con esto. No entiendo nada, conoces a Peter y te llevas bien con él.
—¡Lo acepté porque pensé que era un mero capricho tuyo! Ese tipo es de un nivel social más bajo que el tuyo; entiende que no puedes fijarte en una persona así.
—Bueno, pues como pintan las cosas y esperando que no estés mintiendo, muy pronto vamos a pertenecer a la clase social de Peter. Así que ahí no tendrás ningún problema para poder aceptarlo.
—Alexandra, ¿Eres consciente de lo que dices? Te recuerdo que tú estás acostumbrada a un nivel de vida muy alto, no puedes venir a romantizar el hecho de que probablemente ni siquiera vas a tener para un plato de comida.
—Papá, te recuerdo que no soy una persona que le teme a la pobreza. Ni siquiera te has tomado la molestia de conocerme lo suficientemente bien.
—Por favor, Alexandra. Ambos sabemos que te encanta derrochar mi dinero a manos llenas.
—¿En serio eso crees? —mi sonrisa fue amarga —bueno, ni siquiera sé por qué me sorprende que no me bajes del puesto de una niña mimada y caprichosa. Al final de cuentas tu más grande orgullo siempre fue Madison, no yo.
—No vengas a hacerte la víctima, a saber de dónde vienes en estos momentos, probablemente de gastar mi dinero como siempre. Pero te digo que si no te casas con este hombre, te voy a desheredar.
—¿Sabes qué? Cree lo que quieras, la realidad es que tu opinión desde hace mucho tiempo dejó de ser válida para mí. Me largo a mi habitación.
Fui a mi cuarto, saqué los libros que traía en el bolso. Los mismos que habían sido mis compañeros durante este semestre de la universidad.
—Ya me falta poco para mi graduación, solo un poco.
Cinco años, llevaba cinco años en la universidad y mi papá ni siquiera lo sabía. Lo peor era que pagaba mis estudios con sus benditas tarjetas de crédito y probablemente él solamente ponía a su asistente personal a pagar cada uno de los gastos sin siquiera fijarse.
—Mamá —miré una foto de ella cargando a Madison mientras estaba embarazada de mí —no tienes idea lo mucho que te extraño y como quisiera que estuvieras aquí conmigo.
Mi madre había muerto hace mucho tiempo, justo hace 21 años, la misma edad que yo tengo en estos momentos. Mi cumpleaños era una fecha que detestaba con toda mi alma, ya que ese fue el día que asesiné a la mujer que me trajo al mundo.
—Alexandra —escuché la voz de Madison al otro lado de la puerta —¿Puedo pasar?
—Lo harás de igual manera, así que no sé qué más da.
La puerta se abrió y fue ahí donde la hija perfecta entró, me di la vuelta en la cama y pude sentir como ella se sentó justo detrás de mí.
—Alexandra —ella puso su mano en mi espalda con gesto conciliador —quiero que entiendas que la situación en la que está metido papá es muy delicada. Créeme que intenté evitar tu compromiso con el señor Hill, pero no hay otra salida más que esa.
—Madison, yo no soy tú. No pienso renunciar al hombre que amo solo por miedo a quedar pobre, suponiendo que no sea mentira lo que papá está diciendo en estos momentos y al final resulte que no somos pobres sino que él fingió todo para darme una lección.
—Supuse que dirías eso —pude escuchar como esbozó una sonrisa triste —así que aquí te he traído esto para que lo revises.
Madison colocó una carpeta con varios documentos justo delante de mis narices, al abrirlo pude ver que se trataban de los estados de cuenta de la empresa y venían sellados por hacienda.
Era consciente que si traían este sello, era imposible que fueran falsos. Tampoco papá podía hacer algo así porque terminaría en prisión.
—Tú que estás estudiando negocios internacionales y tu graduación se encuentra cerca, puedes ver que la situación en la empresa es realmente delicada. Incluso trae el sello de hacienda, lo que hace imposible que sean falsos, bien sabes que papá no tiene tanto poder.
—Madison —comencé a revisar los papeles —¿Cómo nos hemos mantenido en pie durante todo este tiempo?
—Con la ayuda de mi esposo, por favor, entiende que papá no está mintiendo cuando dice que la situación en la que nos encontramos es muy delicada. Mi marido no tiene tanto poder para ser capaz de seguir manteniendo a flote la empresa familiar.
—No, no pienso casarme con el bendito señor Hill. Entiende que es algo que me rehúso… Bien puedo sacar adelante a la familia una vez que salga de la universidad, tengo varias propuestas de trabajo.
—Alexandra, no va a ser tan fácil, entiende eso.
Me negué a casarme con ese hombre, decidí salir de la casa porque sentía que me estaba asfixiando. ¿De qué manera podía ser capaz de renunciar al amor de mi vida que era Peter? No me imaginaba al lado de alguien más, seguramente ese matrimonio iba a ser un infierno total que no pensaba permitir.
—¡Alexandra! —mi papá me gritó con fuerza —¡No te vayas, espera un momento!
Fui a la cochera y miré como los carros de la familia estaban siendo llevados por la grúa, me quedé helada al ver como cada uno de los coches terminaba por ser remolcados como si estuvieran dañados.
—¿Qué significa esto, papá? —miré al hombre a mi lado —¿En serio piensas llevar tu engaño hasta este nivel?
—No es ningún engaño, entiende que no tenemos dinero y debes de casarte con el señor Hill lo antes posible. Él se encuentra viajando hasta aquí solo para poder desposarte, es lo más sensato.
—¡No pienso casarme con un desconocido!
Salí de la mansión, no me importaba si no tenía un carro en el que movilizarme. Tampoco el hecho de que mi casa se encontraba a varios kilómetros de la ciudad, solo quería salir de esa jaula de oro.
—Bueno —miré mis tarjetas de crédito —ya que papá insiste en hacerme ver como una niña mimada, pues le daremos gusto en ese aspecto.
Le escribí un mensaje a Peter, para quedar con él. Aceptó en el momento en que le dije que íbamos a ir a un restaurante muy lujoso de la ciudad.
—Amor —él me dio un beso una vez que llegó donde estaba —gracias por invitarme a comer, ¿Por qué estás sudada? ¿En dónde está tu coche?
—Mi coche se dañó, tuve que caminar y por eso es que estoy sudada, pero no te preocupes y vamos a comer.
En el restaurante nos atendieron como era de esperarse, Peter pidió todo lo que quiso y al momento de pagar, mis tarjetas no pasaban en absoluto…
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