159: Rechazar a una niña tonta

Cuando Alexandra miró mis ojos, también se dió cuenta de que me había dado cuenta de tal cosa; lo único que hizo fue bajar la cabeza y juntar sus manos en una especie de calmar su nerviosismo.

—Alaric —miré a mi esposo—, te quiero pedir que me dejes a solas con mi hermana, necesito hablar con ella ...

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