35: Sangre por todos lados

Tenía que admitir que la confesión del doctor era lo suficientemente fuerte para hacerme sentir nerviosa y, a pesar de que intenté contener mi nerviosismo, no pude hacerlo. 

—Deja de lado los nervios —el doctor rió con una voz ronca que hacía estremecer a cualquier mujer—. Solamente he dicho una ve...

Inicia sesión y continúa leyendo