Capítulo 50 50

La risa clara de Antony corta el aire, pero no la creciente tensión entre ella y yo. Nuestros ojos son como dagas clavándose en las costillas del otro. Ninguno de los dos está dispuesto a apartar la mirada primero. Una comisura de su boca se eleva, desafiante.

—¿Se permite un tercer jugador en el c...

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