Capítulo 30 El santuario profanado

El resplandor azul de la pantalla iluminaba el rostro de Samanta, transformando sus facciones en una máscara de porcelana fría. Los archivos del pendrive no eran solo datos; eran los gritos silenciosos de su padre, Ricardo Valenti, capturados en códigos binarios y correos electrónicos que olían a az...

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