Capítulo 38 La mano que mece la cuna

El aire en el despacho de Sebastian se volvió denso, cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de los brazos se erizara. Él la observó durante un largo minuto, con la caja de terciopelo azul aún oculta en el bolsillo de su americana, sintiendo cómo el peso del diamante quemaba cont...

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