Capítulo 40 El pulso del acero

El zumbido del ascensor privado de la Torre Aethelgard era lo único que llenaba el espacio entre Samanta y Sebastian mientras descendían desde el piso 50. Samanta mantenía la vista fija en los números que decrecían en el panel digital, pero su mente seguía atrapada en la sala de juntas, repitiendo u...

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