Capítulo 55 El filo de la vigilia

El hospital privado de Milán se había convertido en una fortaleza de cristal y acero frío. Pasillos que normalmente olían a desinfectante y silencio ahora estaban inundados por el eco de las botas de seguridad y el murmullo incesante de las radios. Samanta permanecía en la sala de espera de la unida...

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