Capítulo 91 El muelle de las almas perdidas

El puerto de Queens no era como el de las películas. No había luces de neón ni barcos majestuosos; solo hileras interminables de contenedores oxidados que crujían bajo el viento helado y el olor penetrante a gasóleo y pescado podrido. Samanta se bajó del coche con las piernas temblando, no por el fr...

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