Capítulo 106 La grieta incurable II

Natalia lo miró fijamente, respirando con dificultad.

—Dime ¿A dónde el desgraciado de tu jefe les dió la orden de llevarse a mis pequeños? —inquirió alterada y con la voz entrecortada sin quitarse el vidrio del cuello.

Collins atravesó el patio bajo el aguacero, con la camisa blanca pegada al pec...

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