Capítulo 43 Obra maestra del caos

El árabe se acercó, ajustándose los anteojos. Pasó los dedos a milímetros del papel, contemplando la mancha de cera con una devoción casi religiosa. La fascinación en su rostro era tan ridícula que, desde el pasillo superior, los gemelos disfrutaban del espectáculo con la satisfacción de quien ejecu...

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