Capítulo 59 La caída inexplicable de un gran negocio

Ya adentro y sin respirar peligro alguno de ser descubierto, Eliseo se admiró ante las máquina saque tenía al frente, le gustaron, sacudió la cabeza a los lados en negación.

—Lastima que en un rato solo serán latas inservibles —susurró imaginando el éxito de su misión—. ¡Quién manda al hombre feo a...

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