Capítulo 81 La carnada perfecta

En un despacho privado del centro de la ciudad, el senador Guillermo Dorantes esperaba con impaciencia quemándole el pecho. Mantenía la mirada fija en el ventanal mientras se servía un trago  de whisky. La puerta se abrió y entró el sujeto de la chaqueta oscura, el mismo que horas antes había seguid...

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