Capítulo 86 El engaño perfecto y la semilla de la duda

A la mañana siguiente, la mansión despertó sumida en una atmósfera densa, casi asfixiante. Collins caminaba con una rigidez evidente por el dolor del golpe en la cabeza, luciendo una curación discreta en el arco de la ceja. Sin embargo, el malestar físico no aplacaba la tormenta que llevaba por dent...

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