Lobos de Ciudad
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Sus ojos cambiaron de marrón a verde y gruñó, sonando exactamente como un perro. «¡¿Quién es el chucho?!» Ruge y se detiene. No tenía ni idea de qué estaba hablando ni dónde estábamos, pero parecía que estábamos debajo de un puente. Él cerró las puertas. ¡Le crecieron las uñas y también los dientes! «¡Eres MI chica!» Gruñó. Me estremecí, de espaldas contra la puerta, incapaz de escapar.
«¡Dilo!» ...
«¡Dilo!» ...




















