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A solas contigo

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flormurdaneta · Completado · 157.4k Palabras

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Introducción

Tras el trágico accidente que le arrebató a su prometido y derrumbó todos sus sueños, Evelyn deberá luchar para seguir adelante a pesar del dolor y de su corazón roto. En medio de esa batalla, conoce al único hombre que ha logrado mover el piso bajo sus pies en mucho tiempo, Nathan Müller. Su aparición la impulsará a tomar la decisión que marcará un nuevo rumbo en su vida.
Dispuesto a todo por ella, Nathan enfrentará sus propios demonios y hará lo necesario para ganarse un lugar en su corazón.

Capítulo 1

Estaba en primera fila bailando al ritmo de Stille[1], una de las canciones de la agrupación de rock alternativo Abgrund[2] en la que mi prometido Jake era el baterista. No me perdía ninguno de sus conciertos, lo apoyé desde el inicio y me sentía orgullosa de lo que habían alcanzado hasta entonces. Comenzaron presentándose en bares donde no recibían ni un centavo, pero pronto fueron ganando fama y esa noche estaban dando su primer concierto en un lugar bastante conocido en Hamburgo. Se vendieron casi trescientos boletos.

Conocí a Jake en un mercado artesanal, estaba mirando los bolsos tejidos cuando escuché su risa. Volteé y lo vi rodeado de otros chicos, todos vestían de una forma muy peculiar, estilo punk rock, con camisetas oscuras y pantalones raídos. Su cabello estaba pintado de azul en las puntas y su brazo derecho estaba cubierto de tatuajes que, desde la distancia, no pude apreciar bien. Cuando nuestras miradas coincidieron, algo dentro de mí se sacudió, nunca me había sentido así por nadie. Volví mi atención a los bolsos tratando de disimular mi interés, pero con la mente en aquel chico de pelo azul que me había provocado mariposas en el estómago.

—Hola, soy Jake. —Escuché decir detrás de mí un momento después. Y di un pequeño salto. No tenía idea de que se acercaría. Me puse tan nerviosa que, cuando me giré, tumbé algunos aretes y varias pulseras al suelo. Me incliné para levantar lo que había tirado y comencé a levantarlo. Jake me ayudó y pusimos todo en la mesa.

—Yo lo arreglo, tranquila. —Enunció la vendedora cuando vio que intentaba organizarlo como antes.

—Gracias. Lo lamento mucho —dije sintiendo como mi cara se ponía roja. Estaba tan apenada, por lo general, no era así de torpe—. Gracias a ti también, no tenías que ayudarme. —Miré a Jake, que estaba a menos de un metro de mí, y sentí un revuelo en mi estómago. Él tenía unos ojos preciosos color caramelo y me mostraban una mirada dulce y gentil.

—Es lo correcto, fue mi culpa por asustarte. Quería invitarte a un toque que tendremos esta noche a unas calles de aquí. ¿Te gusta el rock? Vi que nos mirabas y pensé que podía interesarte —pronunció hablando con rapidez. Y solo por eso dejé de sentirme tan abochornada, no era la única nerviosa.

—Sí, me encantaría. —Acepté sin pensarlo. Él era un desconocido, un muy atractivo desconocido. Me encantaron sus ojos y la forma de sus labios. Me pregunté cómo se sentirían sobre los míos. ¿Serían suaves?, ¿serían cálidos?

—Inicia a las ocho, aunque estaremos ensayando antes. ¿Quieres acompañarnos?

Él es un desconocido, Evelyn. Puede ser una trampa. Dijo una voz en mi interior, pero no le hice caso y acepté irme con él. Jake no me pareció un mal tipo. Y no estuve equivocada.

Así fue como todo comenzó, ese fue el día que conocí al amor de mi vida. Un hombre bondadoso, romántico, apasionado, fiel y cariñoso que me hacía muy feliz. Estábamos enamorados, lo que teníamos era verdadero, a pesar de que mi madre dijera que solo era un capricho, que todo lo que quería era avergonzarla estando con un «vagabundo». Ella no lograba ver más allá del estatus social de Jake, para Elise Decker, la cantidad de ceros en la cuenta bancaria es más importante que tener un buen corazón. Así la criaron y así pretendió criarme a mí, pero no logró influenciarme, al contrario, su forma de ser me hizo detestar la vida elitista de la que ella tan orgullosa se sentía. Yo no sería como Elise jamás. Mi plan de vida no incluía casarme con un millonario que me diera una «buena vida», llena de lujos y carente de amor. Porque ella, por mucho dinero que poseyera, no era feliz. Nunca lo fue. Su único propósito en la vida era amargarnos la existencia a mis hermanos y a mí.

—¡Eso fue perfecto, amor! —Me abalancé sobre él sujetándome de sus brazos y le di un beso en la boca. Me había encontrado con Jake detrás del escenario, los demás miembros de la banda también estaban ahí. Burke, el bajista, junto a su novia Adisson, y el resto recibiendo atención de algunas fans que se acercaron a ellos. Eran buenos chicos, no unos «drogadictos adoradores de Satán», como los llamó Elise.

Jake puso sus manos en mis caderas y sonrió.

—Veo que te gustó. —Miré sus ojos color caramelo y le sonreí. Mi Jake era muy atractivo, delgado, con músculos definidos, no muy marcados. Su mandíbula cincelada estaba salpicada por vellos cortos, poseía una nariz perfilada, ligeramente torcida en la punta a causa de un golpe que se ganó en una pelea, y sus ojos pequeños estaban enmarcados por cejas oscuras y pobladas. Su cabello natural era castaño oscuro y muy sedoso, aunque en ese momento lucía gomoso por el gel que yo misma le apliqué, me encantaba peinarlo. Él me superaba en estatura por más de quince centímetros.

—¡Me encantó! Se escucharon genial, amor. Estoy tan orgullosa de ti y de todos. Ya los imagino recorriendo el mundo, dando enormes conciertos y siendo perseguidos por un montón de groupies[3].

—¿Sí? ¿No te pondrás celosa y posesiva si un montón de chicas empieza a seguirme?

—No, entenderé que quieran ir por ti, eres un sexy baterista y el sueño húmedo de cualquier mujer. —Paseé mis manos por su pecho y las llevé hasta detrás de su nuca.

—¿Intenta algo conmigo, señorita Decker?

Fruncí el ceño, odiaba que usara ese apellido. Ansiaba que llegara el día de nuestra boda y poder cambiarlo por el suyo. Señora Braun, me encantaba como se escuchaba. Teníamos un año viviendo juntos, pero los dos queríamos oficializar nuestra relación y planeábamos casarnos pronto.

—Oigan, vengan aquí, tengo una gran noticia para compartir —gritó Adler, el vocalista de la banda, y todos nos acercamos hasta donde él estaba. Jake, Adler, Burke, Herman, Addison y yo. Adler estaba sonriendo, era evidente que tenía algo bueno para contar—. Me acaban de llamar, lo hemos conseguido. Logramos el contrato discográfico.

—¡Oh, Dios mío! ¡Sí! —chilló Addison saltando a los brazos de Burke. Él la sujetó y compartieron un beso apasionado.

—Felicidades, amor. Sabía que lo lograrías. —Abracé a Jake sintiéndome muy orgullosa de él y de todos. Eran muy buenos, se merecían ese contrato, habían luchado duro por conseguirlo.

—Gracias, mi vida. Gracias por creer en mí, por estar aquí, por amarme… —declaró con calidez. Su voz sonaba rasgada, como si estuviera llorando o a punto de hacerlo, y logró conmoverme. Era un hombre muy sensible y emocional, había nobleza en su alma; fue eso lo que me enamoró de él, era eso lo que quería que mi madre viera, pero ella solo se fijó en su apariencia y su procedencia, nada más le importó. Sus padres eran personas sencillas, él bombero y ella maestra. Lo amaban.

Mis hermanos no eran como Elise o como mi padre. Ellos, a pesar de ser hombres exitosos y prósperos, no vieron a Jake por encima del hombro cuando lo conocieron.

—Siempre estaré a tu lado, Jake. Siempre, amor. —Compartimos un cálido abrazo y después nos separamos para felicitar a los demás. Todos estaban emocionados y felices, su sueño se había convertido en realidad. Eran muy unidos, crecieron juntos como banda y se volvieron grandes amigos.

Más tarde, después de que Jake guardó su batería en la furgoneta de Burke, nos despedimos de todos y salimos del local con planes de ir a cenar. Hice una reserva en Fiori, un restaurante italiano propiedad de mi hermano Sebastian, el chef era un antiguo empleado de la familia al que le tenía mucho aprecio. Necesitaba decirle algo importante a Jake y quería que fuera en un lugar especial.

El clima era cálido, estábamos en medio del verano, mi estación favorita del año, pero no la de mi prometido. Él prefería el frío que el calor. Caminamos de la mano hasta su motocicleta, una Ducati antigua que le heredó su padre cuando cumplió quince años. La amaba, era un tesoro para él y la tenía muy bien cuidada.

Jake me besó en los labios y me puso el casco antes de subirse a la moto y ponerse el suyo. Él era muy cuidadoso con la seguridad, y más tratándose de mí.

Cuando me subí, le rodeé el torso y puso la motocicleta en marcha. Fiori no quedaba muy alejado de donde estábamos, a solo cinco minutos o menos, y comencé a sentirme nerviosa. Estaba llegando el momento de darle la noticia más importante de nuestras vidas.

—¡Cuidado, Jake! —grité cuando vi un auto viniendo desde la vía contraria, dirigiéndose a nosotros por un costado. Él intentó esquivarlo, pero el vehículo traía mucha velocidad y nos golpeó. Los dos salimos disparados de la motocicleta. Sucedió tan rápido que no me dio tiempo de decir o hacer nada más.

Cuando recobré la conciencia, estaba rodeada de paramédicos que me atendían y me hacían preguntas, pero yo apenas pude decir una palabra: «Jake», lo único que quería era saber de él. Mas no pude mantenerme despierta para escuchar una respuesta.

Cuando reaccioné otra vez, estaba en una habitación helada, con aparatos pitando a mi alrededor y el cuerpo dolorido.

—Jake —murmuré con la voz rasgada. Quería saber dónde estaba y en qué condiciones se encontraba. ¿Se había salvado?

Mi corazón se contrajo ante la posibilidad de haberlo perdido. Esperaba que estuviera a salvo. Era mi mayor deseo.

Una doctora se acercó al escucharme. Usaba máscara, gorro quirúrgico y guantes. Repetí el nombre de Jake con voz decadente. Sentía una profunda agonía que dolía más que todo mi cuerpo, que no sería calmada con ninguna dosis de medicamento. La doctora se presentó como Jane Pierce y me dijo que necesitaba hacerme unas preguntas antes. Asentí y respondí cada interrogante que planteó. Recordaba todo, no sufrí ninguna lesión que afectara mi memoria. Ella siguió con la evaluación y, al terminar, me explicó que, además de los golpes que sufrí en distintas partes de mi cuerpo por la caída, tenía una fractura en la pierna izquierda que requirió una operación urgente, y que me mantendrían en cuidados intensivos como prevención.

—¿Y el bebé? —pregunté atemorizada. Sabía que, por mis lesiones, la esperanza de que sobreviviera eran muy pocas, tenía solo ocho semanas de embarazo. Esa era la gran noticia que iba a darle a Jake, estaba tan ilusionada de contarle que esperábamos un hijo.

—Lo siento mucho, no lo logró.

Sentí mi corazón rompiéndose en pedazos y comencé a llorar. Había perdido a nuestro bebé. Mi cuerpo se sacudió por el llanto y un dolor agudo se irradió por todo mi cuerpo. Dolía, dolía muchísimo.

—¿Y Jake? ¿Él ha… él ha sobrevivido? —pronuncié entre sollozos que acrecentaban mi dolor físico. La doctora dijo que no sabía nada de él, pero que trataría de averiguarlo. Y decidió sedarme porque estaba muy intranquila.

La siguiente vez que abrí los ojos, el dolor se había atenuado, pero seguía ahí, recordándome que todo era real, que no se trataba de una terrible pesadilla. Miré a un costado y vi a Sebastian a mi lado. Sus ojos grises estaban cargados de preocupación, tenía manchas oscuras en tono violeta debajo de los párpados. Se veía cansado.

—¿Qué sabes de Jake? —Fueron mis primeras palabras. Ya había perdido a nuestro bebé, necesitaba saber si el hombre que amaba seguía con vida—. Sebastian —insistí casi sin aliento cuando no obtuve ninguna respuesta suya. Él más que nadie podía comprender mi angustia.

—Lo siento, Eve. No… No ha sobrevivido —dijo con tristeza, no era una noticia que quería darme. Él me amaba, no deseaba que sufriera, siempre me había cuidado y protegido.

—¡No! ¡No, no, no! ¡Dios, no! —grité y rompí en un llanto desolador y aplastante. Toda mi vida se desmoronó en segundos. Todas mis ilusiones me fueron quitadas cruelmente.

—Lo siento mucho, Evelyn. Lo lamento mucho, pequeña —murmuraba acariciándome la cabeza.

—Debí morir con él, no quiero una vida sin Jake —pronuncié en medio de mi dolor. Estaba atravesando un infierno que consumía mi alma. Sentía que me desgarraba por dentro, que me quitaban el corazón a pedazos.

Sin Jake, mi vida perdió todo el valor.

Sin Jake, vivir no tenía sentido.

Y

[1] Silencio.

[2] Precipicio.

[3] Fan de un músico, celebridad o agrupación musical.

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